René de la Cruz es una figura inolvidable del mundo del entretenimiento en Cuba, destacándose en el cine, la radio, la televisión y el teatro con interpretaciones que perduran en la memoria de los cubanos.
Nacido el 2 de enero de 1931 en Banao, Sancti Spíritus, en una familia de escasos recursos, René buscó horizontes más prometedores al emigrar hacia La Habana. Su vida dio un giro decisivo al presenciar un programa de radio en la capital, despertando en él un profundo interés por la actuación.
Durante la década de 1950, René se destacó en la radio y luego exploró el teatro, la televisión y el cine. En el teatro, consideraba que la auténtica forja de los actores se lograba mediante el contacto directo con el público y la repetición constante de un personaje. Participó en obras teatrales destacadas como «Andoba», «El Carillón del Kremlin», «Réquiem por Yarini», «La Barbacoa» y «Cañaveral». En el cine, brilló en películas como «Memorias del subdesarrollo», «El brigadista» y «Nuestro hombre en La Habana», obteniendo el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cartagena en 1990.
En la televisión, René dejó su huella en producciones como «Aventuras» y «En silencio ha tenido que ser», encarnando a Julito el pescador. Para dar vida a este personaje, se sumergió en la cotidianidad del pescador, viviendo incluso un mes en su hogar para comprender las complejidades de la pesca y la vida en la costa.
Con una filmografía diversa que abarca desde «Realengo 18» hasta «Mambí», René de la Cruz se consagra como un ícono indiscutible entre los actores cubanos de todos los tiempos. Su legado perdura en cada interpretación, recordándonos la pasión y dedicación que dedicó a su arte. A través del cine, la radio, la televisión y el teatro, René de la Cruz sigue vivo en la memoria colectiva.




Compártenos tu opinión sobre esta publicación