Cuando en 1981 MTV arrancó sus emisiones y convenció al mundo de que había inventado el videoclip, NOW! llevaba dieciséis años existiendo. Lo había hecho Santiago Álvarez en Cuba, en 1965, con fotografías de prensa, metraje de noticieros de archivo y una canción de Lena Horne que las radios de Estados Unidos habían retirado del aire por considerarla peligrosa. Seis minutos. Paloma de Oro en Leipzig ese mismo año. Premios en Bilbao, Cork, Viña del Mar, Cúneo, Phnom Penh.
La pregunta es cómo se hace eso. Cómo se construye algo que no existe todavía.
Álvarez no tenía formación académica en cine. Había llegado al ICAIC desde la televisión, donde trabajaba en musicalización. Eso explica mucho. Entendía la imagen desde el sonido, sabía que una canción tiene estructura dramática propia, que sube y baja, que empuja. Cuando encontró la versión de Horne, escuchó ahí una película. Lo que hizo después fue sincronizar las imágenes con esa arquitectura musical con una precisión que Jean-Luc Godard describió llamándolo el mejor editor vivo del mundo. No era elogio de cortesía. Godard era el hombre más exigente del cine de su época.
Lena Horne había grabado la canción sobre la melodía de Hava Nagila, el himno tradicional judío, con letra propia exigiendo derechos civiles. La prohibieron en las radios estadounidenses. Álvarez la usó sin autorización del sello discográfico. El sello lo demandó. El caso se cerró cuando Horne le escribió personalmente dándole permiso para usarla.
Álvarez no era un observador distante del tema. A los diecinueve años había emigrado a Estados Unidos como tantos hijos de inmigrantes españoles buscando trabajo. Fue minero, fregador de platos, corrector de pruebas, pulidor de metales. Conocía ese país desde abajo, desde donde la retórica de la igualdad no llega. Cuando filmó NOW! en 1965 tenía cuarenta y seis años y dirigía los noticieros semanales del ICAIC. Ese año el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos vivía su momento de mayor tensión. Álvarez tomó fotografías de Martin Luther King con Lyndon Johnson, imágenes del Ku Klux Klan, de policías golpeando manifestantes, de manos encadenadas, y las ordenó sobre la música de Horne hasta que cada corte respondía al ritmo, cada imagen al verso exacto de la canción.
El documental no tiene narración. La imagen final son balas de ametralladora escribiendo el título sobre un fondo blanco.

Sesenta años después, cada vez que hay un nuevo ciclo de brutalidad policial y protestas en las calles, NOW! vuelve a circular. Ganó la primera vez. Y sigue ganando porque Álvarez entendió que las imágenes de la injusticia no caducan mientras la injusticia no caduque.




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