Portada: Carlos Gálvez
Hay rostros que se quedan en la memoria del público no solo por lo que interpretan, sino por la forma en que logran habitar cada personaje hasta volverlo cercano, reconocible, casi propio. Así ocurre cuando se evocan figuras como la fríamente estratégica Amalia de Pasión y prejuicio, la altiva María Antonieta de Salir de noche, la sensible Dalia de Sin perder la ternura o la entrañable Fela de la recordada serie Su propia guerra. Personajes distintos entre sí, pero unidos por una misma presencia interpretativa.
Detrás de esas creaciones está una actriz que ha sabido sostener, durante más de cuatro décadas, una carrera marcada por la constancia, la versatilidad y la entrega absoluta al oficio. Hoy continúa siendo parte activa del panorama audiovisual cubano, no solo desde la ficción, sino también como rostro habitual de espacios televisivos como Ruta 10, donde cada semana acompaña al público en conversaciones sobre bienestar y sexualidad en la edad madura. Esa figura cercana de la pantalla convive con la actriz, la madre, la mujer emprendedora y la profesional siempre dispuesta a asumir nuevos desafíos: Nancy González.
Nacida en Matanzas, Nancy formó parte de la primera generación de egresados de actuación de la Universidad de las Artes (ISA). Tras graduarse con la puesta en escena de La emboscada, dirigida por Flora Lauten, tomó una decisión que marcaría el rumbo de su vida profesional: regresar a su ciudad natal para reintegrarse al movimiento teatral de origen y contribuir al rescate del Conjunto Dramático de Matanzas, espacio donde comenzó sus primeros pasos en la actuación y que, más que un centro de formación, terminó convirtiéndose en una verdadera casa artística para ella.
«Mis inicios en el Conjunto Dramático de Matanzas se remontan a mucho antes de mi graduación del ISA. Desde pequeña lo visitaba junto a mi hermano, que era actor del grupo, y tuve la oportunidad de participar en sus entrenamientos, ensayos, funciones y giras. Ese mundo me fascinó. Crecí soñando ser como aquellos actores de excelencia con los que contaba el Conjunto.
«Luego, en 1976, me fui a estudiar al ISA cuando terminé el preuniversitario. Ese año abría sus puertas la Universidad de las Artes y se hizo una captación por todo el país. Felizmente fui elegida entre otros 25 muchachos y formamos el primer grupo de actuación de la Facultad de Artes Escénicas.
«Al graduarme del ISA cinco años después —en 1981— me encontré con un Conjunto devastado. Con las evaluaciones artísticas de los años 79 y 80, solamente habían persistido unos pocos actores y estaban en sus casas sin trabajo; incluso a uno de ellos lo habían enviado a la Unión Soviética a estudiar dirección.
«Aquello me causó una profunda tristeza, por lo que entablé un diálogo con la Dirección de Cultura de Matanzas para que me solicitara al ISA, junto a varios de mis compañeros, y así poder darle una inyección de fuerza y juventud al Conjunto y revivir el trabajo que habían hecho por muchos años aquellos actores que yo tanto admiré. Para el grupo fue una alegría poder continuar unidos y poner en práctica todo lo aprendido de nuestra maestra Flora Lauten en los últimos semestres de creación colectiva».
El Conjunto Dramático de Matanzas, con la incorporación del primer grupo de graduados del ISA, cambió su nombre por el de Mirón Cubano e inició una nueva proyección como colectivo escénico. Fue así como, para Nancy, transcurrieron cuatro años como actriz y directora general del grupo, hasta que en 1986 comenzó una exitosa carrera en cine y televisión:
«Mi llegada a la televisión fue después de haber incursionado ya en el cine. Me encontraba filmando en Sancti Spíritus la película De tal Pedro tal astilla, del director Luis Felipe Bernaza, cuando recibí una llamada en la que me invitaron a participar en un casting para la telenovela Cuando la noche muera. Obtuve el personaje protagónico y así comencé a dar mis primeros pasos en la televisión, guiada por Miguel Sanabria, a quien le estaré eternamente agradecida, pues fue quien me enseñó el ABC de este medio en cuanto a la técnica, muy diferente al teatro.

La telenovela Cuando la noche muera marcó el debut televisivo de Nancy González. (Foto: cortesía de la entrevistada).
«De ahí continué trabajando con Silvano Suárez, Eduardo Macías, Antonio Vázquez Gallo, Erick Kaupp… con todos los grandes directores de esa época. Fueron años de intenso trabajo, en los que prácticamente no me detuve, salvo en los momentos del nacimiento de mis dos hijas.
«Incluso, con la primera trabajé hasta los nueve meses, resolviendo con fotografía y encuadres para que no se notara el embarazo. Con la segunda, estaba grabando la serie Su propia guerra y ya tenía cuatro meses cuando filmamos una escena en la que Fidel Pérez Michel me golpeaba, siempre con mucho cuidado. De hecho, en la serie comenzaron a escribir que el personaje de Tabo tendría un segundo hijo, porque mi embarazo ya era evidente. Incluso la escena del nacimiento del bebé la grabé aún embarazada, disimulándolo con el propio recién nacido sobre mí.
«Recuerdo también que en el teleplay Dios te salve, comisario, donde interpretaba a una joven cristiana junto a Luis Alberto García, no podía aparecer embarazada antes de la boda, así que hubo que ingeniárselas para ocultarlo.
«La televisión llegó para mí como un regalo. Es el medio en el que mejor me siento, pues me gusta la técnica, cómo se construyen y desarrollan los personajes, los riesgos que se corren y cómo se conforman los colectivos. Cuando ya estás a punto del cansancio y el agotamiento físico extremo, se termina la obra y comienza un nuevo proyecto que te llena otra vez de adrenalina y entusiasmo».

Nancy González en el filme De tal Pedro tal astilla, dirigido por Luis Felipe Bernaza. (Foto: cortesía de la entrevistada).
¿Cuál ha sido el personaje que más te ha retado como actriz?
«A lo largo de mi carrera he tenido la posibilidad de defender infinidad de personajes, desde primeras figuras o protagónicos hasta papeles secundarios o de reparto, y a todos les he entregado lo mejor de mí. Siempre que tengan vida, color y conflicto, son bien recibidos. No me gustan los personajes que solo tienen tres líneas y carecen de matices o historia. En ese sentido, he rechazado algunos, incluso en el cine. Aunque es cierto que no hay personajes pequeños, sí los hay sin historia, y ahí no llega mi amor.
«Soy abierta a todo tipo de personajes, aunque tengo algunos límites como ser humano. No me gusta hacer desnudos. Pero, en sentido general, cualquier reto lo asumo; cada personaje es un reto para mí.
«Algunos han sido más populares, por ejemplo, María Antonieta de Salir de noche, un personaje que adoro y que disfruté mucho interpretar. Pude pulirlo porque contábamos con un equipo de actores, técnicos y una directora excelentes. En esa telenovela todo el contexto estaba preparado para que uno pudiera desarrollar bien su trabajo; por tanto, no creo que su popularidad se deba solo a mí, sino al colectivo.

María Antonieta, uno de los personajes más recordados de Nancy González en la telenovela Salir de noche. (Foto: cortesía de la entrevistada).
«Las malas, aunque no he hecho tantas —solo Amalia y María Antonieta—, me gustan mucho, no porque sean malas, sino porque son personajes muy ricos, llenos de vivencias y con un amplio abanico de sentimientos. No creo en las villanas que dicen “qué mala soy”, porque las personas, por más terribles que sean, creen tener la razón. Eso es lo que siempre busco: entender sus motivos.
«También he tenido personajes encantadores como Fela en Su propia guerra, que, aunque sencillo, fue muy importante para mí. Hasta ese momento había interpretado otro tipo de mujeres, y aquí pude construir un personaje más popular, con defectos humanos. Fue una oportunidad de crear desde la libertad del personaje.
«Su propia guerra sigue siendo muy aceptada por el público. Lo que pudo ser una serie policiaca más, se convirtió —a mi entender— en una obra para la eternidad.
«He tenido otros personajes como Dalia, en Sin perder la ternura, que pensé que iba a crecer más. Era una mujer cubana profesional, empoderada, segura de sí misma, con conflictos sociales y familiares. Aunque no es de los más recordados, lo disfruté mucho y llegó en un momento que lo necesitaba».
¿Cómo construyes tus personajes?
«Para la construcción de un personaje me baso en reglas académicas. Primero leo el guion completo, estudio todas las historias y luego tomo notas sobre mi personaje, lo que dicen otros sobre él, el contexto social e histórico, los lugares y el tiempo narrativo. Después voy depurando esa información hasta construir su biografía, costumbres, relaciones, sueños y proyecciones.
«Luego analizo los puntos de giro, los acontecimientos y su evolución. También me gusta colegiar con los demás especialistas el vestuario, maquillaje, ambientación y escenografía.
«Finalmente llega el momento de aprender el texto y llevarlo a escena. Todo ese trabajo previo te permite construir el personaje en profundidad: entender cómo piensa, qué sabe, cómo vive y se relaciona con los demás, y comportarte en consecuencia. Así, el texto es apenas la superficie, y el espectador puede comprenderte más allá de las palabras.
«Un espectador una vez me dijo: “Veo detrás de tus ojos mucho más de lo que estás diciendo”, y entendí que el público percibe todo ese proceso, aunque no se verbalice».

Uno de los trabajos cinematográficos de Nancy González: el cortometraje cubano Crematorio, dirigido por Juan Carlos Cremata, junto a la actriz Miriam Socarrás. (Foto: cortesía de la entrevistada).
Hablar de lo íntimo sin silencios
Una vez a la semana, en Ruta 10, el público acompaña a Nancy González y a su colega Jorge Luis López en un recorrido singular rumbo al bienestar. Con desenfado, espontaneidad y una complicidad evidente frente a cámaras, ambos actores dialogan con especialistas invitados sobre sexología y los intereses de la pareja en la edad madura, abordando temas que transitan entre lo cotidiano, lo íntimo y lo necesario, siempre desde un tono cercano y desprovisto de tabúes.
En este espacio, la conducción se convierte en algo más que un rol televisivo: es una experiencia de comunicación directa con la audiencia, donde la palabra y la escucha construyen un puente con quienes sintonizan el programa.
Para la reconocida y multifacética actriz, asumir la conducción representa un reto distinto dentro de una carrera marcada por la interpretación de personajes en cine, teatro y televisión. Es, en sus propias vivencias profesionales, una nueva ruta que amplía su recorrido artístico y la coloca frente a otra forma de presencia en la pantalla.
Sin embargo, este camino no surge de manera inesperada. En 1998, cuando el popular espacio Entre tú y yo comenzaba a delinearse como proyecto, Nancy estuvo muy cerca de incursionar en la conducción televisiva. Aquel intento no llegó a concretarse, pero el destino —y las circunstancias de su carrera— terminaron guiándola hacia una experiencia diferente, que años más tarde encontraría su espacio natural en Ruta 10, donde hoy desarrolla esta nueva faceta profesional.
«Nunca pasó por mi mente que yo pudiera incursionar en la televisión como conductora. Una vez tuve esa propuesta, cuando comenzó la idea de hacer Entre tú y yo. Estuve junto a Sonia Castro trabajando en la preparación del proyecto, pero por esa época me llegó la invitación de Eduardo Macías para hacer en Perú la telenovela Isabella, mujer enamorada, con América Producciones, y no quise desaprovechar la oportunidad.
«Después de pensarlo mucho, le planteé a Sonia no continuar con el proyecto, pues no era justo comenzar Entre tú y yo para luego, a los tres o cuatro meses, salir del país por otro compromiso de trabajo. Por muy bisoño que sea un espacio, cuando cambia de conductor el público lo siente y eso afecta al programa. Ella agradeció ese gesto altruista y me pidió que la ayudara a encontrar una persona que pudiera sustituirme; fue así que le sugerí a Irela Bravo, y me hizo muy feliz saber que fue la elección correcta, pues Irela fue el alma del programa por décadas».
¿Después de no poder asumir la conducción de Entre tú y yo, tuviste otras propuestas?
«No, jamás tuve otra oportunidad para hacer conducción en televisión hasta que llegó la propuesta de Ruta 10».
¿Cómo fue esa propuesta?
«Cuando la entonces directora, Jennifer Zubizarreta, me presentó el proyecto, confieso que la propuesta me causó pavor, porque hacer una revista con emisiones en vivo de lunes a viernes, todas las mañanas, supone una exigencia y un desgaste físico del que ya no dispongo o, al menos, no me sentía capaz.
«Admiro mucho a los locutores, conductores y profesionales del medio que realizan espacios matutinos en vivo, pues eso exige un enorme sacrificio y trabajo.
«Felizmente, mi sección se decidió que saldría una vez por semana y, desde entonces, cada miércoles me monto en la Ruta 10 para, en una de sus paradas, dialogar sobre la sexualidad en la edad madura».

Nancy González junto a Jorge Luis López durante su segmento en la revista matutina Ruta 10. (Foto: cortesía de la entrevistada).
Cuéntame cómo viviste todo ese proceso creativo.
«Fue un trabajo en equipo. El tema ya estaba elegido y desde el inicio comenzamos a colegiar ideas. En un primer momento no imaginaba cuál sería el enfoque y el tratamiento de la sexualidad como temática de debate, pues a las diez de la mañana puede haber frente al televisor un público al que no va dirigido, y eso —en mi opinión— era su principal limitante. De igual forma, me sentí algo insegura, pues actualmente hay muchos locutores y conductores que podían asumir ese rol, mientras que yo era solo una actriz incursionando en un terreno dominado por muy buenos profesionales.
«Sin embargo, en la medida en que fuimos organizando las ideas, las incógnitas comenzaron a despejarse. Jorge Luis y yo asumimos el reto de conducir como dos actores que conversan un tema con la naturalidad, relajación y espontaneidad de un diálogo entre amigos. Encontramos el tono adecuado: pasión, vehemencia, alegría y desenfado, lo que nos permitió librarnos de la tensión que puede generar un tema tan serio. Entre los dos fuimos construyendo ese matiz y el resultado ha sido bueno, pues la sección ha tenido una excelente acogida en la teleaudiencia.
«Los especialistas que nos acompañan aseguran que la sección es relajada, que no se sienten entrevistados, y ese es nuestro objetivo: que el contenido llegue al público a través de dos amigos en la edad madura —Jorge Luis y yo— que comparten las dudas e inquietudes en materia de sexualidad. Esa complicidad con el público también es algo nuevo para mí, y Ruta 10 nos ha regalado esa oportunidad: hacer un trabajo que no es fácil, pero que disfrutamos muchísimo».
¿Por qué se decidió dedicar una sección a este tema?
«Hablar de sexualidad es muy interesante, pues constituye una parte de la vida inherente a todos y que históricamente ha sido un tabú en las personas mayores. Se considera que, después de cierta edad, la sexualidad deja de ser importante, cuando en realidad los tiempos cambian y las generaciones también.
«Los adultos que hoy pasan los cincuenta son personas activas, productivas, líderes intelectuales, con deseos de vivir plenamente, vestir a la moda y escuchar la música del momento. Son una generación llena de vida. Entonces, ¿por qué no tratar este tema?, que no implica solo hablar de sexo, sino también de todas las relaciones afectivas que se generan en torno a la sexualidad».
¿Cómo logran la retroalimentación con el público?
«La retroalimentación con el público sucede a través de las redes sociales. El programa canaliza la información y existen analistas de redes encargados de recibir opiniones, evaluar temas y proponer nuevas ideas. Luego nosotros tomamos esas propuestas y las adaptamos a nuestra forma de trabajo, dándoles nuestro propio estilo. Vamos mejorando, corrigiendo y logrando un resultado superior en cada entrega».
¿Estás disfrutando esta nueva faceta como conductora?
«Estoy disfrutando mucho esta experiencia, aunque insisto en que simplemente somos dos amigos actores conversando sobre un tema. Se ha logrado una química de comunicación muy agradable. Siempre vamos al set con entusiasmo y pasión, porque solo así nuestra Ruta 10 llegará a su destino final: el bienestar».
El oficio más allá de las luces
Lejos del brillo de las cámaras, Nancy González describe una realidad compartida por actores y equipos de producción: el desgaste físico y emocional que implica sostener el ritmo de la televisión. “Somos las caras más expuestas”, afirma, al tiempo que recuerda cómo, en cuestión de meses, los cuerpos comienzan a resentirse bajo la intensidad de las jornadas, las exigencias del rodaje y la presión constante.
Desde experiencias personales hasta vivencias colectivas en proyectos como Pasión y prejuicio o Viceversa, la actriz pone en palabras episodios que reflejan la fragilidad detrás del oficio. Sin dramatismos, pero con claridad, reconoce que los problemas de salud son parte del camino, aunque muchas veces el público los perciba como hechos recientes o aislados cuando resurgen en la conversación mediática.
Aun así, su testimonio no se detiene en la dificultad, sino en la capacidad de sobreponerse. Para Nancy, existe una ética silenciosa en la actuación: la de seguir adelante, cumplir con el personaje y cerrar cada historia, incluso en medio de la adversidad. Una convicción que, más que aprendida, nace del compromiso profundo con su vocación.

¿Cómo se sostiene una interpretación en un género tan exigente cuando el cuerpo no acompaña al ritmo del rodaje?
«Cuando comencé en la televisión, en los años ochenta, existía una investigación realizada por profesionales de la salud que determinaba que los actores no debíamos trabajar largas jornadas de filmación. Se comparaba el desgaste físico del actor con el de un trabajador realizando labores extremas, sumado a un desgaste emocional e intelectual muy alto, porque trabajamos constantemente con nuestras emociones y nuestro cuerpo, que es nuestro principal instrumento.
«En aquel entonces, las jornadas estaban reguladas: se permitían cuatro horas de grabación y hasta cuatro horas de preparación. Sin embargo, con el paso del tiempo y los cambios en la producción —especialmente con el trabajo en exteriores— las jornadas se extendieron progresivamente hasta doce horas o más. Esto trajo consigo un mayor nivel de agotamiento físico y mental, afectando tanto a actores como a todo el equipo técnico.
«Hoy en día, hacer una telenovela se ha vuelto aún más complejo. Las grabaciones en exteriores implican enfrentar múltiples factores: el clima, el ruido, las interrupciones, y la falta de control que sí existe en un estudio. Todo esto, sumado al ritmo intenso de trabajo, convierte el proceso en un gran reto. Aun así, el compromiso del actor sigue siendo el mismo: sostener el personaje, dar lo mejor de sí y cumplir con su trabajo, incluso en medio de las dificultades».
¿Te has planteado si volverías a asumir un proyecto de larga duración en televisión como una telenovela?
«Yo amo la televisión, amo el género, adoro hacer telenovelas, sobre todo cuando tengo personajes que me permiten disfrutar de las sensaciones importantes que nos mueven a los seres humanos. Especialmente cuando son personajes que me dan la oportunidad de decir algo significativo en defensa de la mujer, que para mí siempre ha sido uno de los ejes en todos mis personajes, tanto en los protagónicos como en los antagonistas.
«Creo que la televisión debe avanzar, y no voy a decirles a los directivos qué es lo que tienen que hacer, pero desde mi punto de vista considero que ya ha pasado suficiente tiempo con los estudios en remodelación. Es necesario culminar esos trabajos y devolverle a la telenovela sus espacios adecuados, para recuperar el buen hacer, el disfrute del trabajo y permitir que cada especialista pueda desempeñarse con la mayor calidad posible.
«De esa manera, podríamos volver a salir a los exteriores para buscar la imagen, el paisaje, nuestras calles, el cielo, la luz, el color, todo aquello que no se puede reproducir en un estudio. Aunque en los últimos tiempos se habían logrado escenarios muy bien construidos, al punto de que muchas veces parecían reales, como en producciones desde Pasión y prejuicio en adelante, lo cierto es que nuestros escenógrafos y diseñadores estaban en un proceso de creación constante y de gran nivel.
«Sin embargo, cuando la producción se traslada a exteriores, gran parte de ese trabajo se reduce a ambientar espacios, pintar paredes o adaptar locaciones. Sigue siendo un trabajo valioso, pero en los estudios se alcanzaba un nivel de construcción escénica verdaderamente asombroso: se trabajaba desde los pisos hasta las paredes, los utileros, cada detalle, con una enorme maestría. Eso permitía que los actores pudieran concentrarse plenamente en sus personajes, sin interrupciones ni factores externos que afectaran la concentración o el ritmo de trabajo.
«Recuerdo muchas jornadas en las que los estudios presentaban problemas: filtraciones, inundaciones, humedad, incluso olores intensos que afectaban el ambiente de trabajo. Aunque con el tiempo uno se acostumbraba, esas condiciones terminaban provocando fatiga, dolores de cabeza y malestar general en el equipo.
«Por eso, sí era necesaria la reparación, pero ya es momento de culminarla. Es importante que nuestras autoridades tomen conciencia de ello, porque se trata del buen funcionamiento del trabajo televisivo.
«Muchas veces estas telenovelas se ensayaban en exteriores, aunque ahora contamos con un foro para ensayos, lo cual es un avance importante. Entonces, la pregunta es por qué no culminar la recuperación de los estudios para poder trabajar en condiciones adecuadas. Cuando eso ocurra, yo estaría dispuesta a volver a una telenovela, pero no tengo el deseo de regresar a producir en las condiciones de estrés y dificultad que han caracterizado las producciones recientes en exteriores».
¿Cómo viviste tu ausencia en Ruta 10 y qué significa para ti regresar al programa en vivo?
«Yo estuve casi tres años sin faltar un miércoles a Ruta 10. Por supuesto, cuando tuve que ausentarme —porque, como te digo, el cuerpo se enferma— fue muy doloroso para mí. Al principio incluso me llevaba la ropa al hospital, pensando: “de aquí me voy para allá”. Pero llegó un momento en que ya no pude hacerlo. Entonces Jorge Luis asumió por mí; luego él se enfermó y me dijo: “ahora me toca a mí”, y yo asumí por él.
«En realidad, nunca nos desvinculamos del programa. En ningún momento, ni cuando yo estuve enferma ni cuando lo estuvo él, dejamos de trabajar en conjunto: intercambiábamos ideas, preparábamos guiones, nos poníamos de acuerdo y hablábamos constantemente. Aunque solo uno estuviera en vivo, los dos seguíamos implicados. Por eso, nunca me sentí fuera del programa; siempre me sentí parte de él. Y sé que a él le pasó lo mismo cuando estuvo ausente.
«Regresar al set de Ruta 10 cada miércoles siempre ha sido muy significativo. Al inicio, se nos dijo que trabajaríamos con secciones grabadas, en encuentros mensuales donde se registrarían los cuatro programas. Pero luego todo cambió: pasamos al en vivo. Ese impacto fue fuerte. Para un actor, salir a escena siempre impone, como en el teatro: esos minutos previos están llenos de miedo, dudas e inseguridades. Más de una vez pensé: “no lo vuelvo a hacer”. Pero una vez que entras en escena, todo cambia, y al día siguiente quieres repetirlo, porque se disfruta profundamente.
«Con el programa en vivo sucede algo similar, pero con una responsabilidad aún mayor: ya no es un público de sala, sino miles o millones de espectadores. La primera reacción es de rechazo, de miedo, pero poco a poco te adaptas, y el placer termina superando a los nervios. Para nosotros, salir a escena es una necesidad, una forma de realización personal. Es el espacio donde podemos comunicar, enfrentar retos y crecer.
«Además, llegar al set siempre ha sido una alegría para mí. He tenido la suerte de trabajar con equipos maravillosos, donde el respeto y el afecto han estado siempre presentes. Desde quien te recibe en la puerta hasta el director o los técnicos, todos forman parte de esa experiencia. Y luego está el público: ese cariño, ese acompañamiento constante, incluso en la crítica, es algo invaluable. No hay salario que se compare con ese reconocimiento.
«Por eso no me gusta hablar de enfermedades. A veces se retoman declaraciones antiguas y se presentan como actuales, generando preocupación innecesaria. Yo estoy bien, sigo trabajando, aunque con más calma. Hoy disfruto más los procesos, como mi participación en Ruta 10 o proyectos como el cine, que tiene otro ritmo y otras exigencias.
«Los tiempos cambian, y con ellos la manera de trabajar. Ojalá, cuando las condiciones lo permitan, se retomen ciertos espacios y también se recuerde a tantos actores que siguen ahí, disponibles, con ganas de seguir creando. Porque este es un oficio que no se abandona: se transforma, se adapta, pero siempre permanece».

En medio de esta reflexión sobre el oficio y la mirada que atraviesa su trabajo, la actriz también abre la puerta a sus proyectos más recientes. Entre ellos destaca su participación en el cortometraje El séptimo bulbo, dirigido por Maikel Rodríguez y producido como parte de una película colectiva impulsada por el ICAIC, que reúne varias piezas reconocidas y premiadas.
En este proyecto, Nancy interpreta a una doctora en una historia que, sin revelar demasiado de su trama, se adentra en conflictos contemporáneos desde una perspectiva que evita el fatalismo. La obra propone una lectura de la realidad marcada por la resistencia, la búsqueda de sentido y la idea de que, incluso en medio de las dificultades, siempre es posible encontrar una salida.
Más allá de los detalles narrativos, la actriz destaca el espíritu del cortometraje: una invitación a no rendirse, a asumir la vida con conciencia y a reconocer la responsabilidad individual en la construcción del propio camino. Una mirada que dialoga con sus propias convicciones sobre el oficio y la vida.
Con este nuevo trabajo, Nancy reafirma su interés por proyectos que le permitan explorar personajes y discursos con sentido humano, mientras continúa transitando una etapa más serena de su carrera, marcada por la gratitud, la experiencia y el disfrute del proceso creativo.




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