Cuando ser sensible es una amenaza: Eduardito bajo el yugo del machismo
Cuando ser sensible es una amenaza: Eduardito bajo el yugo del machismo

Cuando ser sensible es una amenaza: Eduardito bajo el yugo del machismo

Por: Ashly Medina (Ashly, la novelera de Cuba)

En muchos hogares, el machismo no se disfraza: se impone. Se impone en los gestos, en los gritos, en los silencios incómodos cuando un hijo no encaja en el molde que el padre ha tallado con sus propias frustraciones.

En la actual novela Regreso al corazón, los televidentes nos hemos sensibilizado mucho con Eduardo, el hijo de Leticia y Mariano, un adolescente que hoy sobrevive a la presión social y familiar tan solo por ser diferente.

Eduardito es un muchacho tímido, sensible e introspectivo, que probablemente ha crecido escuchando a sus amiguitos decirle “estás flojito, caguama», «este si no es pato, sabe dónde está la laguna», y, sin embargo, ni tan siquiera es homosexual.

Mucho ha dado de qué hablar la actitud de Mariano, su padre, que hasta ha renegado del muchacho, simplemente porque no responde a ese modelo de masculinidad hegemónica y autoritaria que se asocia a los hombres. Me refiero a la rudeza, el dominio y la represión emocional.

Qué caro le ha salido a Eduardo ser un muchacho callado y estudioso, al que no le interesan los deportes ni el gym. Y es que Eduardito no solo está siendo víctima de bullying por parte de sus compañeros de la escuela, sino que también lo es del machismo autoritario de su padre, quien quiere que aprenda boxeo y sea violento para que así lo respeten.

Lo cierto es que casos como este abundan en nuestra sociedad, y por increíble que parezca, el machismo no solo hiere a las mujeres: también reprime a los hombres, sobre todo a los más jóvenes, que se ven obligados a disimular emociones, a actuar un personaje que no son y, en esa actuación forzada, muchos pierden su esencia y cargan con culpas que no les corresponden.

A esto se le suma una grave confusión social: el machismo enseña que todo lo que se aleje de la agresividad masculina es sospechoso de “debilidad” o, peor aún, de homosexualidad. Ser cariñoso, llorar, tener amigos del mismo sexo, bailar o vestirse con cierto estilo se convierten en “alertas” para padres inseguros que prefieren forzar a sus hijos a vivir con miedo antes que permitirles expresarse libremente.

Por suerte, Eduardo no está solo en esta lucha por sobrevivir. Cuenta con el apoyo del resto de su familia, entre ellos, su hermana y su mamá.
Leticia juega un papel crucial: acepta a su hijo como es, lo escucha, comprende y protege, sobre todo, de su propio padre.

Lo que Mariano no sabe es que la presión por cumplir con un rol de “macho” no solo es una forma de violencia, sino también un atentado contra la salud mental. Muchos adolescentes desarrollan ansiedad, depresión o dificultades de autoestima cuando se sienten juzgados constantemente por no ser “suficientemente hombres”.

En este contexto, el verdadero desafío es educar en una masculinidad sana, que permita la sensibilidad, que abrace la empatía, que rompa con los estereotipos de fuerza mal entendida. Un verdadero «hombre» no es el que más grita o el que golpea la mesa al hablar; tampoco lo es el que tiene varias mujeres, el que bebe alcohol o el que se fuma un tabaco. El verdadero «hombre» es quien se atreve a sentir, a reconocer su vulnerabilidad, a vivir su verdad sin miedo, el que cuida y protege a los suyos y ama por sobre todas las cosas.

Mariano necesita aprender a distinguir entre formar carácter y reprimir emociones, entre educar y dominar, entre amar y controlar. Y, sobre todo, necesita entender que la paternidad no se trata de moldear a un hijo a la imagen de uno mismo, sino de acompañarlo en su propia construcción.

Mientras que Leticia se verá obligada a elegir entre un esposo violento, machista e incapaz de amar sin condiciones, y la estabilidad emocional y psicológica de sus hijos. Solo espero que no lo dude, que elija a la luz de sus ojos, porque un hombre que no sabe amar no merece más lealtad que un niño que solo pide ser aceptado.

Proteger a los hijos no es un acto de rebeldía, es un acto de amor. Y el amor, cuando es verdadero, siempre debe estar por encima del miedo, de las apariencias y del patriarcado.

Regreso al corazón se ha convertido en una escuela de educación familiar que espero que muchos padres estén aprovechando al máximo.


Nota sobre Ashly Medina:
Liribet Reyes Rivero, graduada en Derecho en la Universidad de Las Villas «Marta Abreu» y novelera por excelencia. Con su sólida formación académica y su pasión por las telenovelas, Ashly se une a nuestro equipo en CubaActores para ofrecer sus comentarios y análisis sobre la telenovela cubana.


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