Una casa vieja con demasiadas sillas vacías
Una casa vieja con demasiadas sillas vacías

Una casa vieja con demasiadas sillas vacías

Abelardo Estorino escribió La casa vieja en 1964 y puso en el centro a un hombre que regresa. Esteban lleva años fuera, vuelve al hogar, y su sola presencia desata lo que la familia había guardado con llave: los rencores, las mentiras, los sueños que nadie se atrevió a nombrar en voz alta. La obra recibió Mención del Premio Casa de las Américas, Teatro Estudio la estrenó con dirección de Berta Martínez, y viajó después a Noruega, Suecia, España, Chile, Venezuela, Nueva York. La frase que Esteban dejó grabada en el teatro cubano como pocas fue esta: «Yo creo en lo que está vivo y cambia».

Estorino construyó su drama sobre un solo ausente. Un ausente por familia. La tensión cabía en una sala porque los demás personajes estaban ahí, con sus secretos y su rencor acumulado, esperando que alguien llegara a removerlo todo. Esa era la proporción que la obra necesitaba para funcionar: uno que se fue, varios que se quedaron.

Cuba en 2025 rompió esa proporción.

En 2024, según cifras oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información, 251.221 cubanos emigraron. La población efectiva del país se redujo en 307.961 personas en un solo año. Se registraron 128.098 fallecimientos frente a 71.358 nacimientos, la cifra más baja en 65 años. La obra de Estorino sigue siendo la misma. Lo que cambió es cuántos ausentes hay ahora por familia y cuántas sillas vacías quedan en la mesa.

Cuba es hoy el país más envejecido de América Latina, con el 25,7% de su población mayor de 60 años, según la ONEI. La emigración masiva de jóvenes ha dejado a miles de ancianos viviendo solos, sin red familiar de apoyo. Estorino escribió sobre una sala donde todos estaban presentes y nadie se decía la verdad. La sala cubana de hoy tiene a alguien solo, esperando que el teléfono suene desde Madrid o desde Miami. El drama no desapareció. Se repartió entre demasiados países para caber en un solo escenario.

El salario medio estatal ronda los 6.800 pesos cubanos mensuales, equivalente a menos de 13 dólares en el cambio informal. Los apagones alcanzan entre 12 y 20 horas diarias. La escasez de alimentos, combustible, agua y medicinas forma parte del paisaje cotidiano. Quien emigra desde ahí no lo hace porque quiera ser el personaje que regresa. Lo hace porque quedarse exige un heroísmo que la obra de Estorino nunca le pidió a ninguno de sus personajes.

La grandeza de La casa vieja siempre fue esa: hablar de la familia cubana con sus contradicciones, sus prejuicios y su ternura al mismo tiempo, sin absolverla ni condenarla. Estorino murió el 22 de noviembre de 2013 en su casa del Vedado. La obra cumplió sesenta años. Cuba sigue siendo esa casa vieja donde todos, los que se fueron y los que se quedaron, siguen esperando que lo que está vivo cambie.


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