En la voz de Clarita García, aún cansada por las largas jornadas, se mezclan la tristeza y la voluntad de hacer. Ha pasado días recorriendo comunidades devastadas por el huracán Óscar y el reciente sismo en el Oriente cubano, llevando un poco de alegría a quienes lo han perdido todo. “Esto ha sido desgarrador. Ver a tantas personas viviendo en tiendas de campaña, con los ojos llenos de tristeza, es algo que nunca olvidaré. Pero también está el amor que nos han dado, las sonrisas que logramos arrancar. Eso te da fuerza”, comenta la actriz desde Guantánamo.
Desde el 20 de octubre, cuando Óscar tocó tierra como un huracán de categoría 1, hasta el reciente sismo de magnitud 6.8 que estremeció Pilón, las provincias orientales han soportado el embate de la naturaleza. Imías y San Antonio del Sur, en Guantánamo, son dos de las zonas más golpeadas. Comunidades como Macambo han quedado prácticamente arrasadas, con familias viviendo en tiendas de campaña y niños cuyas voces reflejan el trauma de haber visto cómo el río arrasaba sus hogares.


En medio de la destrucción, una brigada artística formada por dos trovadores, una narradora oral, un repentista y esa actriz maravillosa que es Clarita García, se ha convertido en un bálsamo para quienes residen en las zonas más afectadas.
Clarita relata que no dudó ni un segundo cuando recibió la llamada. “En La Habana también sufrimos los efectos del huracán Rafael. Mi hijo todavía no tiene escuela porque la suya quedó dañada, pero cuando me pidieron venir, hice la maleta rápido. Yo había estado en Guantánamo antes y siempre recibí tanto amor de su gente que sentí que tenía que devolverles algo, ahora que están viviendo este momento tan duro”.
La actriz narra con detalle los primeros días de la brigada: “Llegamos después de catorce horas de viaje, a las dos de la madrugada. Al día siguiente, ya estábamos en Imías. Allí fue devastador. Una comunidad completa perdió sus hogares y ahora vive en tiendas de campaña. Aunque la ayuda y las donaciones van llegando y se va construyendo poco a poco, su realidad es muy dura. Niños nos narraban cómo el río arrasó con sus hogares, cómo sus familias subieron a los techos para salvarse. Es algo que no puedes imaginar hasta que lo ves”.
La tristeza en los rostros de las personas es una imagen que no se borra fácilmente. “Hay que ver sus ojos: llenos de tristeza, de desesperanza. Pero también nos recibieron con tanto amor… Aunque no llevamos ayuda material, intentamos ofrecer alivio para el alma. Cantamos canciones, recitamos poemas, hacemos juegos y adivinanzas para los niños. Es poco, pero en esos momentos, parece que el peso de lo que están viviendo se alivia un poco”.


San Antonio del Sur, otra de las localidades visitadas, muestra un panorama igualmente devastador. “En esa comunidad, el agua tapó las casas. Muchas personas tuvieron que subirse a los techos para sobrevivir. Hubo pérdidas humanas. No hay palabras para describirlo. Pero cuando llegas y haces algo tan sencillo como cantarles o contarles una historia, ves cómo se ilumina un poquito su rostro. No es que olviden, pero al menos se sienten acompañados”, dice Clarita conmovida.
La brigada incluye a los trovadores Raúl Torres y Ariel Barreiro, la narradora oral Leyris Guerrero y el repentista Emiliano Sardiñas. Cada uno aporta su talento para conectar con las personas, desde los más pequeños hasta los adultos mayores. “Es hermoso porque al final de las actividades Emiliano improvisa décimas que hacen reír a todos. Es un cierre que llena de esperanza. Nosotros vamos mezclando lo que hacemos según el público: poesía, canciones, adivinanzas… Lo importante es que ellos sientan que estamos ahí para ellos”, explica Clarita.
Para la actriz, estas acciones son mucho más que una presentación artística. “Yo creo que los artistas tenemos una misión. Si tienes que interpretar a un personaje, lo haces con el alma. Y si tienes que ir a un lugar donde las personas están devastadas y necesitan un poco de ánimo, también lo haces con el corazón abierto. No es pretender que eres un héroe ni romantizar nada. Es estar ahí, acompañando con lo que puedes. Y descubres que recibes más de lo que ofreces”.

Clarita admite que la experiencia ha sido emocionalmente dura: “Es desgarrador ver lo que estas personas han pasado. Pero también es algo que te llena. A veces me pregunto si realmente estamos ayudando, pero luego ves a un niño sonriendo o a alguien dándote las gracias, y sabes que esto importa. Que, aunque sea pequeño, estás haciendo algo”. La brigada se ha presentado en escuelas, portales de casas, en cualquier lugar donde encuentren espacio, y también ha llegado a la comunidad de Macambo, en Guantánamo, afectada por el huracán, y a Pilón, en Granma, una de las zonas golpeadas por el sismo.
Este esfuerzo, que integra arte y humanidad, no solo busca aliviar el dolor inmediato, sino también unir a los cubanos, algo fundamental en estos tiempos. En un país donde las dificultades son parte del día a día, iniciativas como esta destacan la importancia de la solidaridad en momentos críticos. No se trata únicamente de ayudar; es sobre conectar y fortalecer nuestros lazos, recordando que juntos enfrentamos mejor los momentos más duros.
La tragedia ha dejado heridas profundas en el Oriente cubano, pero también ha demostrado que, en medio del dolor, el arte puede ser un refugio y un recordatorio de que la esperanza, aunque tenue, nunca desaparece del todo.




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