Fotos: Lester Viera
Ernesto Tamayo Benítez es un actor cubano que posee una trayectoria artística impresionante. Se graduó de la Escuela Nacional de Teatro y de la Universidad de las Artes de Cuba, y ha enriquecido su formación con estudios complementarios en ballet, canto, danza y locución.
Su participación en el teatro ha sido verdaderamente sobresaliente, involucrándose en un gran número de puestas en escena de los más grandes directores de Cuba, entre los que destacan Abelardo Estorino, Bertha Martínez, Héctor Quintero, José Milián y Pancho García. Además, ha incursionado en el cine y la televisión dentro y fuera de Cuba, en doblaje, puesta de voces para animados, así como en radio, y ha desempeñado roles de escritor, director artístico y productor.
Su talento y logros han sido reconocidos con varios premios, como el Caricato y el Villanueva de la crítica. Su impacto y aporte en la escena artística cubana resultan innegables. Por esta razón, desde CubaActores, hemos querido entablar una conversación con él, con el objetivo de conocer los detalles de su personaje actual en la telenovela «El derecho de soñar» y, por qué no decirlo, para acercarnos al actor, al amante del teatro y, en definitiva, a la persona que se encuentra detrás de tantos cautivadores personajes.
¿Qué fue lo que inicialmente te inspiró a seguir una carrera en las artes escénicas?
Yo entré al teatro un poco escapando de mi propia realidad. El teatro me abrazó, me educó, me alejó de malos caminos y me regaló amigos que conservo hasta hoy de manera terrenal y espiritual. Tuve la suerte de pertenecer a la mejor escuela de teatro de Cuba y trabajar con un grupo de estudiantes que hicieron historia. Aun hoy, somos excelentes amigos que procuramos reunirnos en algún lugar del mundo de vez en cuando. Trabajé con los directores que quise, en obras de teatro que amé, y realicé las producciones audiovisuales que elegí, porque sobre todo, nunca permití que obstaculizaran mi carrera teatral, a la cual siempre le di la prioridad número uno.
Ha tenido una trayectoria artística impresionante. ¿Hay algún momento o logro en particular que destaquen para ti?
Creo que el principal logro es compartir escenarios con grandes como Alina Rodríguez, Adria Santana, Natasha Diaz, Miriam Learra, Pancho García, entre otros, y en obras como «Si vas a comer espera por Virgilio», «Contigo Pan y cebolla», «La verbena de la Paloma», «En el Túnel un Pájaro», entre muchísimas otras que me harían extenderme demasiado. Un logro es haber actuado en los principales teatros de Cuba y haber visto salas repletas de personas aplaudiendo mi labor… Cada una de esas personas, de esas obras, de esos aplausos, son logros particulares indescriptibles.




Ha incursionado en diferentes facetas, desde actuación hasta dirección y producción. ¿Cuál de estas áreas disfrutas más y por qué?
La actuación, siempre la actuación. Ella es la que me lleva a hacer todo lo demás. Ella me dio la disciplina y el respeto por mí como persona y como profesional que inculco a todo lo que hago en mi vida laboral, y esa divisa que ella me tatuó en los sesos y en el pecho, me hace abrirme a nuevas metas y complicarlas siempre un poco más. De hecho, creo que en todo lo demás que he incursionado, lo hago montándome un personaje.
Tu formación es bastante diversa, ¿cómo sientes que esta variedad de estudios complementarios ha enriquecido tu enfoque artístico?
Aun hoy no paro de estudiar, todo me atrae y todo lo pongo en práctica siempre. El arte es como el organismo humano, funciona como un todo y, ese todo, en comunión, bien organizado, te sirve en tal o más cual medida para cada proyecto.
Ha tenido la oportunidad de trabajar en diferentes países. ¿Cómo encuentras que las audiencias y la industria varían de un lugar a otro?
Cada país es un mundo, incluso cada ciudad de un mismo país es un universo diferente. La manera de aprehender el arte es diferente, incluso entre la variedad de grupos etarios, sociales, etnoculturales y socioculturales de una misma ciudad de un mismo país.
Cuéntanos un poco sobre tu experiencia en «El derecho de soñar». ¿Cómo te preparaste para tu papel en esta telenovela?
Antes de empezar a hablar de la telenovela, tengo que agradecer cómo el universo conspiró para que esto sucediera. Yo acababa de salir al aire con el profe Carlos en la serie «Primer Grado» de Rudy Mora y de estrenar «Cuarentena» con Vital Teatro. Justo allí, la asistente de dirección de Vital, Yasmín de Armas, movió los primeros caracoles hasta que por manos y alma de otras personas llegué al casting. Soy uno de los pocos actores que gusta de hacer castings, debe ser porque he sido «coach de casting» muchas veces y ya le encontré la parte divertida. Fiallo me pasó a manos de Luberta y presenté mi versión de un personaje llamado Pavel, que hablaba con un tal Yasmani sobre un tal Michel. Una semana después, yo sería el tal Michel. Michel me fascinó porque es un tipo bueno, que siempre viene a dar alegrías, a blanquear la vida de los que quiere, a ayudar a la gente y tratar de llevar paz y felicidad. Desde ahí, todo fue fácil; solo fue cuestión de sacar lo mejor de mí, aquello en lo que me esfuerzo por ser todos los días de mi vida. Michel nació desde dentro de mí, era una mejor versión de mí mismo y pues me dediqué a vestirlo, a caminarlo, a pensarlo desde ese sentir que él mismo gestaba dentro de mí. Crear un personaje tan empático y tan bien escrito, como lo está toda la novela, es un regalo del universo.
¿Qué es lo más relevante que te deja «El Derecho de soñar»?
Lo primero es que será por siempre mi primera telenovela en Cuba, hecha además de manera muy particular por dos equipos de realización y dos directores, de los cuales tengo el mejor sabor de boca. Me divertí muchísimo con todos y todas, y con cada uno hice una relación muy especial. Allí hubo gente muy profesional, a quien espero la vida me regale la oportunidad de volver a compartir mi vida personal y artística. Luberta y Fiallo, dos tipazos. Fue una producción que se realizó con mucho sacrificio, ambiciosa para estos tiempos tan duros en Cuba para el audiovisual, y siento de manera muy personal que salió completamente airosa. «El Derecho de Soñar» me deja con un Yoyi Martínez con el que aprendí mares de conocimientos, a un Héctor Noas que he querido desde siempre y me deja con una Verónica Lynn tatuada en el alma. Me deja un montón de actores increíbles que admiro, respeto y quiero sobremanera como amigos y amigas. Me deja, además, el hecho de reencontrarme con hermanas de aquella escuela de teatro y aquel grupo del que te hablé. En fin, que «El Derecho de Soñar» fue una bocanada de aire para mi presente, un presente que será uno de los recuerdos más preciados que llevaré en mi vida. Piensa que hay parte de un país que me conoce y me reconoce como actor y que, además, por esta telenovela, me da muestras de afecto inmensas. «El Derecho de Soñar», ahora mismo, no tiene valor terrenal; tiene una valía espiritual incalculable.
La trama de la telenovela «El derecho de soñar» muestra la radio por dentro y hace un homenaje al medio ya los profesionales que trabajan en él. ¿Cómo sientes que tu personaje contribuye a esta historia ya su mensaje?
Yo soy un hombre que ama la radio como artista y como oyente, me hubiera encantado que Michel hubiera sido parte de ese universo en la novela, pero no fue así. Aunque no la he hecho mucho, a mí la radio me salvó de cosas terribles, inclusive de la pandemia. Fue lo que más hice en ese período oscuro de la vida y me dio mucha luz. Allí conocí a Ángel Luis, uno de los escritores de «El Derecho de soñar» y con quien me une una amistad muy linda. La novela narra de manera magistral y con mucha veracidad muchas cosas que allí pasan y acontecen para que hoy nuestra gente tenga radio, y además tenga radio de calidad.
¿Qué elementos o experiencias personales incorporas a tu actuación para hacer que tu personaje sea más auténtico y humano?
Como ya te dije, Michel tiene toda mi bondad y hasta mucho de mi picardía. Yo estaba y estoy viviendo cosas que le pasaron a Michel. Incluso Ernesto y Michel vivieron sucesos muy importantes e idénticos en sus vidas en paralelo. Cosas que ahora no te puedo contar porque develaría el presente y el futuro del personaje y de su entramado. Pero créeme que ha sido sorprendente ver todos los paralelismos entre ambos.
En tu amplia experiencia en el teatro, ¿crees que este medio a menudo queda subvalorado en comparación con el cine y la televisión? ¿Por qué crees que esto sucede?
El arte en general es subvalorado, pero el teatro es la oveja negra. No existe ningún gobierno ni orden socioeconómico que le dé la importancia y el valor que realmente merece el teatro. En primer lugar, el teatro entretiene de una manera elevada, tanto en espíritu como en intelecto. Te hace reflexionar, tomar conciencia y meditar sobre temas importantes de la existencia humana. Además, crea valores y tiene muchas cualidades que contribuyen a elevar el nivel cultural de las personas. A pesar de todo esto, el teatro no recibe el apoyo que debería. Los artistas teatrales estamos siempre sujetos a decisiones de personas que frustran sueños y ambiciones, en muchos casos, personas que probablemente nunca hayan asistido a una función teatral. Comparar la subvaloración del teatro con el cine y la televisión es absurdo, ya que todas las disciplinas artísticas suelen estar subvaloradas. Esto conduce, en muchas ocasiones, a que sean los oportunistas, aquellos que se ajustan a las normas oportunas, quienes obtengan los mayores beneficios de las producciones artísticas. Y, desafortunadamente, el resultado de estas producciones no siempre es el deseado. En lugar de generar reflexión, conciencia y valores, se enfocan simplemente en entretener.












La radio es un medio con una larga historia. ¿Sientes que en la actualidad la radio también enfrenta subvaloración en comparación con otros medios más visuales?
La radio necesita urgentemente repensarse, porque es un medio que no debe desaparecer. Y de la radio me preocupan los dramatizados, es algo muy importante en la historia y en la vida de los cubanos, aunque para muchos suene lejano lo que estoy diciendo. La radio en Cuba no ha desaparecido porque quienes la hacen la aman incondicionalmente, la aman apasionadamente. Ellos salvan la radio y siempre estarán ahí para ella. Lo primero que se debe considerar son mejores salarios, ya que es el medio peor remunerado y además requiere muchos sacrificios para llevarlo a cabo. No se trata solo de que la radio esté subvalorada, sino que también está sujeta a promesas vacías. Además, las decisiones de personas que matan sueños y motivación, y es muy probable que ni siquiera hayan hecho radio o que ni siquiera la escuchen.
Fotos: Lester Viera




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