La actriz cubana Yaisely Hernández volvió a caminar por su barrio. Lo hizo luego de dos años residiendo en Estados Unidos, con una cámara como testigo y una canción de Gloria Estefan de fondo. En su cuenta de Instagram compartió un breve video donde se la ve entre abrazos, saludos y esquinas conocidas.
Radicada actualmente en Miami junto a su esposo e hijos, Yaisely salió de Cuba a finales de 2022. La migración, como tantas veces, implicó más que un cambio de paisaje. En sus mensajes, no ha evitado hablar del proceso de adaptación, del silencio inicial, de la incertidumbre, del peso de la distancia.
En la Isla, muchos aún la recuerdan por su papel en la telenovela Salir de noche, una de esas producciones que forman parte de la memoria colectiva de los cubanos.
En su publicación no hay discursos ni explicaciones. Solo imágenes: la calle, la casa familiar, una risa compartida. La cámara recorre con ella lugares donde ya no vive, aunque la memoria los conserve intactos.
El caso de Yaisely no es excepcional, pero sirve como reflejo de una experiencia común: la de quienes se van sin despedirse del todo y regresan sin saber si será por última vez. La migración cubana arrastra consigo un lenguaje propio, lleno de términos como «duelo», «desarraigo», «adaptación». Palabras que, con el tiempo, se van naturalizando, aunque no dejen de pesar.
Yaisely Hernández ha hablado de nostalgia, de la necesidad de sostenerse por sus hijos, de cómo la vida diaria en otro país le impuso otros ritmos, con una gran sinceridad que muchos cubanos que emigran agradecen. Y aunque no siempre se menciona en voz alta, ese equilibrio entre lo que se deja y lo que se construye es parte del relato migratorio. Un relato que en Cuba no es novedad.




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