Yura López: “Cuando una actriz se atreve a mirar hacia adentro, la escena se vuelve verdad”.
Yura López: “Cuando una actriz se atreve a mirar hacia adentro, la escena se vuelve verdad”.

Yura López: “Cuando una actriz se atreve a mirar hacia adentro, la escena se vuelve verdad”.

Por: Yankiel Toledo

El estreno de la telenovela Ojo de Agua en la televisión cubana ha traído consigo personajes complejos, conflictos reconocibles y actuaciones que invitan a una lectura detenida. Entre ellas, destaca con particular fuerza el trabajo de Yura López en la construcción de Nadia, un personaje profundamente humano, atravesado por la contradicción, el deseo y la valentía de asumir una verdad emocional que transforma su vida.

Nadia es una mujer que descubre el amor fuera de su matrimonio y decide luchar por sus sentimientos, aun cuando ello implique enfrentar conflictos familiares y la incomprensión de sus hijos. No es un personaje complaciente ni responde al molde clásico de la protagonista-víctima. Esa diferencia es, precisamente, una de las claves que sedujeron a la actriz desde el primer momento.

Ojo de Agua te muestra en un momento muy visible de tu carrera. ¿Qué te sedujo de esta historia y de tu personaje para decir sí a este protagónico?

Este personaje llegó a mí de una manera inesperada. Yo estaba felizmente involucrada en otros proyectos que me interesaban mucho —teatro, televisión y radio— cuando apareció este protagónico. Lo que más me sedujo de Nadia es que se trata de un personaje diferente: no es la protagonista clásica que solo ocupa el lugar de la víctima. A lo largo de la novela le suceden muchas cosas difíciles, pero ella siempre intenta ir hacia adelante, recomponerse, aunque también se equivoca, comete errores y toma decisiones que no siempre serán bien vistas. Eso la convierte en un ser humano real, complejo, ni completamente bueno ni completamente malo.

Esa humanidad fue clave para decir sí, junto a los muchos retos que implicaba el personaje: trabajar con abejas —un mundo totalmente desconocido para mí y que terminé adorando—, montar a caballo y habitar un entorno muy alejado de mi vida cotidiana. Todo eso hizo de Nadia un desafío artístico muy estimulante.

Esa complejidad humana se traduce en una actuación cuidadosamente construida. Uno de los aspectos más sobresalientes es el trabajo con la mirada. Yura comprende que, en televisión, los ojos son un territorio narrativo esencial. En ellos habitan la duda, la culpa, el deseo contenido y la determinación. Su mirada no subraya; sugiere. No impone emoción, la deja aparecer.

El manejo de los tonos de la voz y la expresión facial confirma a una actriz que domina los recursos del lenguaje audiovisual. La voz se modula según el estado interno del personaje, mientras el rostro acompaña con gestos mínimos pero precisos. Hay contención, escucha y verdad, elementos que sostienen escenas de alta carga emocional sin caer en el exceso.

Ese dominio no es casual. Es el resultado de una trayectoria sólida por diversos lenguajes artísticos, que se integran de manera orgánica en su trabajo actual.

Has transitado con solidez por el cine, el teatro, la radio y la televisión. ¿Qué te aporta cada uno de estos lenguajes a la construcción de un personaje como el que vemos en la novela?

Cada medio por el que he transitado me ha aportado muchísimo. Aunque cada uno tiene su propio lenguaje y su manera particular de hacer, el destino final es el mismo: transmitir, llegar a las personas y lograr que lo que hacemos se sienta verdadero.

De cada experiencia voy aprendiendo algo nuevo y todo se va quedando guardado, como en un gran almacén o un disco duro que habita en el cuerpo, la mente y la memoria emocional. Luego, de manera natural, todo eso aparece al momento de construir un personaje. No solo en este caso, sino en cada trabajo que enfrento; siento que cada medio me ha ido formando y enriqueciendo como actriz.

Nadia es un personaje lleno de matices altos y bajos, y Yura los transita con inteligencia y sensibilidad. No hay una evolución lineal: hay avances, retrocesos y contradicciones. El arco dramático se construye escena a escena, desde un análisis minucioso de las acciones, donde cada gesto, cada desplazamiento y cada pausa tienen una intención clara. Nada está al azar; todo responde a una lógica interna profundamente trabajada.

Especial atención merece el control de la energía y del silencio. Yura entiende el silencio como una herramienta expresiva poderosa. En lugar de llenar cada momento, se permite bajar la intensidad, respirar y sostener la escena desde la contención. Ese manejo del tempo dramático habla de experiencia y de una profunda confianza en el personaje.

Los conflictos que atraviesa Nadia no son solo individuales; dialogan con una realidad social reconocible, especialmente en lo que respecta al lugar de la mujer, la maternidad y la búsqueda de la felicidad personal sin renunciar a la responsabilidad afectiva.

Tu personaje en Ojo de Agua atraviesa conflictos intensos y muy humanos. ¿Sentiste que la historia dialogaba con experiencias personales o con la realidad que vivimos como sociedad?

Nadia atraviesa conflictos muy duros y, en algún punto, sí dialoga conmigo, especialmente en la manera en que enfrenta los problemas: busca soluciones, intenta ver la parte positiva, y su amor por sus hijos es un motor fundamental; lucha por ellos y por estar en un lugar donde pueda sentirse bien y ser feliz sin hacerle daño a nadie.

Creo que también es la voz de muchas mujeres de hoy: mujeres que luchan por un sueño, que emprenden, que hacen negocios, que avanzan. A través de Nadia se muestra que no es fácil, pero que es posible. Vivimos tiempos donde la mujer ocupa cada vez más su espacio, no como una pugna entre hombres y mujeres, sino desde la idea de que todos podemos aspirar a las mismas metas.

Las respuestas orgánicas a los sucesos que enfrenta el personaje refuerzan la credibilidad de la interpretación. Nadia reacciona como reaccionaría una mujer real en esas circunstancias, y eso solo se logra cuando la actriz está verdaderamente habitando el conflicto, no representándolo desde fuera.

En su actuación se perciben con claridad la sencillez, la humildad y la experiencia. Yura no busca el lucimiento personal; pone su oficio al servicio de la historia. Esa ética actoral, tan necesaria, se siente en cada escena.

Después de tantos escenarios y formatos, ¿qué te sigue desafiando como actriz y qué te gustaría que el público descubra de ti en este nuevo trabajo?

Me sigue desafiando hacer personajes que tengan algo que decir, personajes que puedan transmitir un mensaje al público: una reflexión, un aliento, una sonrisa, algo que deje huella.

En cuanto a lo que el público descubra de mí, realmente dejo eso en sus manos. Cuando uno se entrega al público, el trabajo deja de pertenecerte; cada espectador se queda con lo que ve y con lo que siente. No pretendo nada más que eso: que perciban que siempre lo doy todo y que en cada proyecto he tratado de ofrecer lo mejor de mí, con honestidad y compromiso.

Todo ello coloca a Yura en un alto nivel dentro de la escena cubana actual. Su trabajo en Ojo de Agua no solo confirma una trayectoria sólida, sino que reafirma una manera de estar en escena basada en la verdad, la escucha y el respeto profundo por el oficio. Nadia no es solo un personaje bien defendido: es una mujer viva en la pantalla. Y ese, sin duda, es uno de los mayores logros de una actriz.

“Nadia no pide permiso para sentir; decide hacerlo, y ahí comienza su fuerza.”


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