Por Brenda González Betancourt
El pasado 21 de julio se cumplieron 126 años del nacimiento del célebre escritor norteamericano Ernest Miller Hemingway, quien residió en La Habana por décadas, y cuya casa Finca Vigía en San Francisco de Paula actualmente resulta un museo.
Con el cine como una de las mejores armas para inmortalizar historias, el director cubano Fernando Pérez fundió en una sola película la esencia del libro más famoso del Papa, como le llamaban también al escritor, la vida de una adolescente que batalla por mejorar su situación, y la esencia de una Cuba que late aún en pleno siglo XXI.
“Hello, Hemingway” fue estrenada a finales de 1990, pero el contexto la transporta a los años de la tiranía de Batista en la Isla, considerado un drama/drama político de una hora y media de duración. Larita, interpretada por la actriz Laura de la Uz, está aplicando para una beca en Estados Unidos, es la mejor estudiante de la clase de inglés y está ilusionada con poder dar una mejor vida a su madre Leonila (Ana Gloria Buduen)

Vive en una casa humilde junto a su prima Flora (María Isabel Díaz), su tío Manolo (Enrique Molina), su tía Rosenda (Caridad Henández), y la abuela de su prima Josefa (Herminia Sánchez), quien será su mayor apoyo y sostén en ausencia de su progenitora por el trabajo constante que debe hacer en la calle.


Con los conflictos de una familia de aquella época, donde el hombre es la base económica, las carencias y las disyuntivas entre los miembros, la situación comienza a tornarse insostenible. Mientras, Larita lee “El viejo y el mar”, el libro que le dio a Hemingway el Premio Pulitzer y el Nobel de Literatura, Tomás, el librero se lo ofreció en una de las visitas a la librería para que iniciara su lectura.
A medida que avanza en el ejemplar, la muchacha comienza a hallar un vínculo entre su historia de perseverancia y tropiezos, y la del pescador desdichado Santiago que, depende de cómo comprenda las líneas de las páginas, será un final de gloria o fracaso.
¿Y dónde está la Cuba latente entonces? Pues, cuando Larita cuenta que pretende estudiar Filosofía y Letras en la universidad, la abuela y la tía echan a reír, su familia la presiona porque todos trabajan y ella no aporta económicamente por estar estudiando. Es entonces cuando Josefa le pide que busque a Hemingway, que quizás pueda darle empleo. La frase “¿Cómo le voy a entrar? Hello, Hemingway” que dice Larita da nombre a la producción.
Víctor (Raúl Paz), su novio, tiene una leve discusión con ella al enterarse de que su aspiración es irse a Estados Unidos, motivo por el cual se separan. Él tiene otros planes para su vida. Por otra parte, su tío se encuentra frustrado con el trabajo hasta que lo despiden, eso genera una desestabilización en el hogar.
Larita y su mamá viven “de favor” en la casa, su padre nunca regresó por ellas y la madre terminó por no ponerle su apellido. Entre los deseos de su lista está tener techo propio, un auto, ser una figura distinguida, tener un título universitario y convertirse en una escritora famosa, pero con los últimos dos se conforma. Además, aparecen sellos identificativos de cualquier sociedad cubana de antaño y actual: una máquina de coser, almendrones, el juego de la lotería, entre otros.
Estos son solo algunos puntos, el guion del filme y la brillante dirección de Fernando Pérez disfrazan entre líneas aristas que, pese a las décadas entre su salida a la gran pantalla y las generaciones de hoy, permanecen punzantes en disímiles lugares del país.
Aunque la calidad de la imagen y la tecnología de finales del siglo pasado no son comparables con las de ahora, lo cierto es que los planos, sonidos y la secuencia de imágenes logran conmocionar al espectador y mantenerlo con esperanza hasta los minutos finales donde se percata del desenlace de la historia de Larita, que puede ser la de cualquier muchacha cubana en el presente, pero con la falta en vida de la figura de guerras y glorias como lo fue Ernest Hemingway.
Brenda González Betancourt, graduada de Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Matanzas y apasionada de la cultura. Ha colaborado con otros medios vinculados al arte y sus manifestaciones.




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