Podría decirse que estas sencillas y honestas palabras, para referirse a un hecho teatral tan relevante como el estreno de «Aura» por el «Teatro Buendía«, son demoradas. Podría pensar que no tengo nada que aportar, nada que resaltar, que ya no es tiempo de promover la breve temporada que ya acabó; pero aun así, me animo a escribir y comentar la desdicha que siento por no haber podido asistir.
Recién iniciado mi regreso al teatro, luego de algún tiempo de ausencia por años de trabajo en el exterior y posteriormente de mi bendecida maternidad, me llama Sandra Lorenzo para invitarme a trabajar en el montaje de «La señorita Julia» que lideraba ella, dentro del grupo Buendía. Comenzar a ensayar en esa iglesia, en ese templo teatral que tanto visité, la escuela de tan grandes creadores; era algo así como poder embriagarme con un vino sagrado que gana sabor con los años, y brindar a plenitud por la salud del Teatro.
Recuerdo que la primera impresión de saludar a Flora Lauten, estrechar la mano de Raquel Carrió y escuchar las consideraciones de ambas sobre un ensayo fue una experiencia electrizante, como también lo fue vivir paso a paso el atormentado, hermoso y sublime proceso de montaje de «Julia».
Esa iglesia tiene magia, sí, tiene tanta historia que asusta y seduce a la vez. Apretar las manos en círculo, escuchar la campana de inicio y pronunciar el primer texto de la obra, mirando tan cerca a los espectadores que podía sentir su respiración, me llenaban de un terror y una fuerza indescriptible cada noche. Bajo la cúpula de esa iglesia me sentí amparada y su mariposa hipnotizó mis sentidos para salir a volar. Por eso lamento mucho no haber podido asistir a las funciones de esta maravillosa obra «Aura», una versión de Raquel, a partir de la novela de Carlos Fuentes, publicada en 1962.
Las fotos del espectáculo traducen la atmósfera del misterio y la belleza; el carácter de las imágenes invoca un mundo peculiar, sensitivo y fascinante. Cada vez que veo las publicaciones, las fotos, los videos, y releo las palabras de agradecimiento de aquellos que la pudieron disfrutar, de los amigos actores que formaron parte del elenco, puedo sentir la energía destellante de estos días de función, en los que, para mayor regalo, la noche del 9 de diciembre Flora Lauten ofreció una única actuación. Mi más hermosa justificación para no asistir es saber que estaba en las tablas de mi casa teatral, la Compañía Hubert de Blanck, interpretando y amando el Teatro. Agradezco desde la ausencia ese renacer, ese divino presente, para un público que hoy más que nunca necesita ser hechizado por un BUENDÍA.
Marcela García Olivera, actriz y directora cubana. Además de su destacada labor en la Compañía Teatral Hubert de Blanck, donde ha dado vida a diversos personajes en obras de renombre, Marcela también comparte su conocimiento como profesora en el Instituto Superior de Arte. Ahora, al unirse a nuestro equipo en CubaActores, su perspectiva actoral aportará una visión única y novedosa. Con su estilo natural y empático, cautivará a la audiencia y ofrecerá una lectura enriquecedora, especialmente para los amantes de la actuación.




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