René de la Cruz Solares, un actor formado por la vida
René de la Cruz Solares, un actor formado por la vida

René de la Cruz Solares, un actor formado por la vida

René de la Cruz Solares nació el 2 de enero de 1931 en Banao, Sancti Spíritus, en el seno de una familia campesina muy pobre. Quedó huérfano de madre a los doce meses y de padre a los seis años, por lo que fue criado por una hermana mayor. Años más tarde, cuando la memoria le permitía ordenar los primeros recuerdos, resumía así su origen: “He sido así, un cubano nato, del campo, pobre, miserable, descalzo, huérfano… En eso no tengo que imitar a nadie”.

Como tantos jóvenes del interior en los años cuarenta, emigró a La Habana buscando sustento. Llegó sin formación, con apenas un segundo grado aprendido en una escuelita rural. Tocó puertas y consiguió empleo en una tintorería, donde aprendió el oficio de planchador. Fue en ese lugar donde una casualidad cambió el rumbo de su vida: el hermano del dueño, actor de radio, lo invitó una noche a presenciar una grabación en los estudios de la emisora COCO. Allí, entre voces y micrófonos, descubrió el mundo que lo acompañaría el resto de sus días.

Una semana después, un actor faltó en el programa Secretos de aquí y de allá. El director le pidió a René que leyera un pequeño papel. Apenas podía leer, pero memorizó el texto. Cumplió su parte y fue felicitado. Desde entonces quedó vinculado de manera permanente a aquel espacio. Así comenzó la carrera de un hombre sin estudios ni modales de academia, pero con una intuición que lo convertiría en figura imprescindible de la cultura cubana.

Durante la década de 1950 trabajó en casi todas las emisoras de radio existentes. Años después pasó al teatro, la televisión y el cine. Consideraba el teatro la verdadera escuela del actor: “Allí se mide uno con el público cada noche, y cada función pule al personaje hasta hacerlo diamante”, solía decir. Actuó en salas como el Teatro de la Artística Gallega, el del Palacio de Bellas Artes, el Bertolt Brecht, el Irrumpe y el Conjunto Dramático Nacional. Entre sus trabajos más recordados están Andoba, El Carillón del Kremlin, Réquiem por Yarini, La Barbacoa y Cañaveral.

En el cine cubano participó en títulos esenciales: Realengo 18, Cuba 58, Memorias del subdesarrollo, Papeles son papeles, El brigadista, El corazón sobre la tierra, Baraguá, Polvo rojo, Bajo presión y Mambí, entre muchos otros. Su trabajo fue reconocido en 1990 con el Premio al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, por la película Bajo presión.

Su nombre también quedó ligado a la televisión. Participó en aventuras, telenovelas y espacios dramáticos, pero fue su interpretación en En silencio ha tenido que ser la que lo convirtió en un rostro popular en toda la isla. El personaje de “Julito el pescador”, agente de la inteligencia cubana, trascendió como figura entrañable para el público.

Para construirlo, René buscó aprender desde la experiencia. Viajó hasta Santa Cruz del Norte para convivir con Leonilo Juan Saíz Hernández, el verdadero Julito. Allí aprendió a preparar la carnada, lanzar los sedales, remar y subir un pez al bote. Una mañana, mientras pescaban, un tiburón se enganchó en el anzuelo. Asustado, René gritó: “¡Pariente, saca esto pal bote, que es un tiburón!”. Julito le respondió con calma: “¡Oye, pariente, ahora Julito eres tú!”. Y René subió el tiburón. Desde entonces, aquel personaje quedó ligado a su identidad artística.

Además de actor, fue guionista y director artístico. Dirigió Cañaveral (1974 y 1977), La tragedia optimista (1975), Ha muerto una mujer (1977) y El ingenioso criollo don Matías Pérez (1978). En cine escribió junto a Jorge Fraga el guion de Relatos de Campaña (1969).

Su trayectoria fue reconocida con varios galardones: el Premio Catalina de Oro, el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cartagena en 1990, el Premio Nacional de la Televisión (2006) y el Premio Nacional de Teatro (2007), que recibió poco antes de morir.

René de la Cruz Solares falleció en la madrugada del 26 de junio de 2007 en La Habana. Había dedicado más de cinco décadas al arte en Cuba. Su paso por la radio, el teatro, la televisión y el cine dejó una obra extensa y coherente, construida a fuerza de disciplina, memoria y trabajo. Fue un actor que no se formó en academias, sino en los escenarios, frente al público, aprendiendo de cada papel y de cada historia.


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