Ojo de Agua, entre la crítica y la defensa de los televidentes
Ojo de Agua, entre la crítica y la defensa de los televidentes

Ojo de Agua, entre la crítica y la defensa de los televidentes

Por Ashly Medina (Ashly, la novelera de Cuba)

La telenovela cubana Ojo de Agua ha despertado un intenso debate en redes sociales y espacios mediáticos, como ocurre con todo producto cultural de alcance masivo.
Las opiniones se dividen entre quienes resaltan sus valores narrativos y sociales, y quienes se enfocan en señalar errores técnicos e inconsistencias.

Sin el ánimo de hacer un análisis crítico y tan solo con el fin de dar mi criterio como televidente, me gustaría comentarles que lo cierto es que la novela tiene innumerables aspectos positivos; dentro de ellos está que apuesta por lo auténtico del campesinado, se adentra en el mundo rural marcado por carencias, contradicciones, cooperativas improductivas y problemáticas socioambientales, aunque con algo de maquillaje al tratarse de una telenovela.

Otro aspecto interesante es que la protagonista rompe el estereotipo de otras novelas anteriores, que se caracterizaban por ser mujeres débiles y sumisas, mientras que Nadia es fuerte, empoderada, compleja; ama, sueña, se equivoca y se levanta, en un contexto marcado por el machismo rural.

Mientras que las principales críticas de los televidentes giran alrededor de aspectos tan superficiales como lo irreal de que el dibujo de Lita en su brazo aparezca y desaparezca mágicamente, o que Vivían utilice la laptop sin cables, y hasta que los celulares no tengan buena cobertura contando el pueblo con una antena de Etecsa. Y ni hablar de quienes dicen que los turistas que frecuentan el hostal de Magdalena parecen más campesinos que los propios habitantes de Ojo de Agua. Mientras que hay quien no entiende que, existiendo un caudaloso río y un embalse, los pobladores se quejen de sequía. Lo cierto es que, aunque a simple vista son solo pequeños detalles, afectan la credibilidad de la historia.

Dentro de las cuestiones más sensibles están los ataques irrespetuosos a actores y actrices, alejados de la crítica constructiva. Mientras que algunos espectadores consideran que la novela avanza lentamente, y esto genera frustración en quienes esperan un melodrama convencional con giros constantes.

No estoy en desacuerdo con la crítica, pero en esa que es útil para mejorar la televisión nacional; debe distinguirse del descrédito. Ojo de Agua no es perfecta; sin embargo, su valor radica en la autenticidad de un realismo mágico, en la apuesta que conecta con la identidad cultural, en un feminismo desafiante y en la valentía de presentar personajes sin moldes.

La telenovela es, además, un espejo de nuestras tensiones sociales y culturales, que invita a disfrutar con los ojos abiertos, a reconocer lo que aporta y a criticar con respeto lo que se puede mejorar en próximas producciones, independientemente de las innumerables limitaciones que obstaculizan la calidad de los audiovisuales.

Entonces, queridos noveleros, sentémonos frente al televisor —si la electricidad lo permite— o a través de YouTube —si los megas les alcanzan— y disfrutemos de la novela, dejando que fluya el agua como un manantial, confiando en que la miel por siempre será dulce y que las abejas polinizarán corazones en medio de la dureza de estos tiempos.

Yo, en lo personal, considero que la telenovela cubana será siempre un espacio de debate e identidad.


Nota sobre Ashly Medina:
Liribet Reyes Rivero, graduada en Derecho por la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas y novelera por excelencia. Con su sólida formación académica y su pasión por las telenovelas, Ashly se une a nuestro equipo en CubaActores para ofrecer sus comentarios y análisis sobre la telenovela cubana.


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