Greter Valdés Llopiz, estudiante de Periodismo
Hay humoristas que sacan risas y otros que, además, dejan pensando. Kike Quiñones pertenece a esa segunda categoría, la de los que saben que hacer reír no es solo cuestión de chistes, sino de observar la realidad con agudeza y devolverla en forma de sátira bien construida. Su trayectoria ha sido un equilibrio entre el humor y la reflexión, lo que lo ha llevado a convertirse en una de las figuras más reconocidas del humor cubano.
Esta semana estuvo de cumpleaños, y aunque el pastel y las velas son parte del ritual, en su caso, la celebración es otra: seguir haciendo de la risa un arte. Desde sus primeros pasos en el teatro infantil en su natal Pinar del Río hasta sus días como director del Centro Promotor del Humor, Kike ha transitado por la escena con la seguridad de quien sabe que hacer reír es cosa seria. No es casualidad que haya encontrado inspiración en los grandes del humor cubano, desde Enrique Arredondo hasta La Seña del Humor de Matanzas. Su formación en el Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río le dio herramientas, pero su instinto le marcó el camino.
Lo suyo no ha sido solo la risa fácil. Su humor ha evolucionado con los tiempos, siempre atento a lo que el público demanda sin perder su sello personal. Ha sabido mezclar el teatro, la música y el humor en un cóctel que, lejos de empalagar, deja con ganas de más. No por gusto ha triunfado en festivales como el Aquelarre.
Cumplir años es un trámite inevitable, pero cumplirlos con talento y oficio es un mérito que no todos ostentan. Desde CubaActores, le deseamos salud y éxitos en este nuevo ciclo. Y, por supuesto, que nunca le falte el ingenio para seguir regalando risas bien pensadas y mejor ejecutadas.
Fuente: Humor Sapiens




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