El cine, a menudo un vehículo de reflexión sobre los comportamientos sociales, encuentra en historias de mujeres como la de Enriqueta Faber una riqueza que va más allá de la simple recreación histórica. Insumisas, dirigida por Fernando Pérez y Laura Cazador, se inscribe en una tradición de filmes que exploran las fronteras entre la convención y la rebeldía, llevando a la pantalla la vida de una mujer que desafió las normas de su época al vestirse de hombre para poder ejercer la medicina en un contexto en el que ese derecho le era vedado.
La película se sitúa a principios del siglo XIX, un periodo donde la medicina era, sin duda, territorio exclusivo de los varones. Enriqueta Faber, una mujer suiza que se hace pasar por Enrique Faber, atraviesa esta frontera, decidiendo seguir su vocación científica en una época que no le brindaba ni siquiera la posibilidad de acceder a la educación en el área. Su historia es, en parte, un testimonio de la valentía de las mujeres que, a menudo, veían sus sueños truncados por el simple hecho de haber nacido mujeres.

En este sentido, la adaptación cinematográfica recoge la vida de Faber con una mirada precisa, que no olvida la dimensión histórica y social que subyace a la lucha de la protagonista. Insumisas presenta, además, una ambientación que ha sido elogiada por su rigor, la cual lleva al espectador no solo a la Cuba del siglo XIX, sino también a las tensiones que definían las relaciones de género y la clase social en aquella época. La película no solo da cuenta de los avatares de una mujer que tuvo que disfrazarse para sobrevivir, sino que también presenta la resistencia inherente a la lucha por la legitimidad de la identidad, una cuestión que, en muchos casos, sigue siendo tan pertinente hoy como lo fue en su tiempo.
La Historia de Enriqueta Faber: Medicina, Identidad y Revolución
La vida de Enriqueta Faber es la crónica de una mujer que, por circunstancias históricas y sociales, se vio obligada a adoptar un disfraz para ejercer una de las profesiones más prestigiosas de la época. Nacida en Lausana, Suiza, en 1791, Enriqueta fue testigo de las turbulencias de su tiempo: la guerra, la muerte de familiares cercanos, y el papel de la mujer en una sociedad que la relegaba a un segundo plano. En lugar de aceptar esa limitación, optó por vivir como hombre, adoptando el nombre de Enrique Faber, y bajo esta identidad, se formó como cirujano en París, donde obtuvo su título.
A lo largo de su vida, Enriqueta fue una viajera incansable. Después de pasar por diversas ciudades europeas, se embarca hacia el Caribe en busca de nuevas oportunidades, finalmente estableciéndose en Cuba, donde continuaría ejerciendo la medicina, esta vez en Santiago de Cuba y Baracoa. Pero su vida en la isla, inicialmente prometedora, no fue fácil al tener que mantener su secreto. A pesar de su competencia profesional, las sospechas sobre su identidad comenzaron a aflorar.
En el contexto cubano de principios del siglo XIX, las autoridades coloniales, al igual que los médicos criollos, no tardaron en cuestionar la validez de su título. De hecho, Faber fue objeto de numerosas disputas que pusieron en duda su autenticidad, no solo como médico, sino como persona. Después de enfrentar varios obstáculos, incluyendo una demanda por parte de su esposa, Juana de León, quien descubrió su verdadero sexo, Enriqueta Faber fue arrestada y sometida a un juicio en el que se dictó su condena a prisión. La revelación de su identidad, entonces una transgresión del orden social, terminó por derrumbar todos sus proyectos.
El juicio de Enriqueta, documentado en los archivos de la época, resalta el choque entre las normas sociales y el deseo de la protagonista por ejercer su vocación. Fue condenada a diez años de prisión en la Casa de Corrigendas en La Habana, un castigo que reflejaba la severidad con la que la sociedad de la época manejaba cualquier tipo de subversión al orden establecido. Tras este encarcelamiento, se ordenó su deportación, lo que selló el destino de una mujer que, en muchos sentidos, representó el principio de una lucha por la igualdad de género—o de identidad de género—mucho antes de que la palabra feminismo tomara forma.
La historia de Enriqueta Faber no solo refleja las dificultades que enfrentó por el simple hecho de ser mujer, sino que también ilustra los mecanismos de control social que, bajo la apariencia de protección moral y religiosa, limitaban el derecho de las personas a ser quienes realmente eran. Enriqueta fue una mujer adelantada a su tiempo, una pionera que, aunque obligada a esconderse bajo el disfraz de un hombre, hizo historia por sus contribuciones a la medicina en una época que apenas permitía a las mujeres acceder a ese conocimiento.
Por eso, cuando se revisa su vida a través del prisma de Insumisas, no es simplemente una película sobre un hecho histórico, sino una reflexión sobre el modo en que las estructuras de poder han determinado qué roles pueden desempeñar las personas, qué talentos pueden mostrar, y cómo las identidades, a menudo, se han visto obligadas a fragmentarse para encajar en un mundo que, en muchos sentidos, aún hoy, sigue luchando con estas mismas cuestiones.




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