Una imagen circuló por redes sociales y no era un adelanto. Era una escena de Sábados de Gloria, aún inédita, filtrada sin contexto y consumida por miles en cuestión de horas. Varios actores del elenco quisieron expresar su descontento con esta situación, que afecta no solo el trabajo de todo un equipo, sino también a los espectadores —y a la obra en cuestión—. Recientemente, el autor de la novela tomó la palabra, con un estilo directo y frontal, propio de alguien que, como él mismo explicó, rara vez asoma la cabeza en redes sociales.

“Esta es la primera ocasión en que intervengo en las redes sociales para comentar sobre esta telenovela”, escribió Jorge Luis Sánchez, guionista del dramatizado que por estos días mantiene atentos a muchos hogares cubanos. La entrada —publicada en redes sociales— fue una exposición muy bien argumentada sobre los daños que puede causar una práctica aparentemente inofensiva: el spoiler.
El término, como aclaró, está ya reconocido por la RAE. Pero lo que Sánchez quiso dejar claro no era un tecnicismo, sino una grieta cultural. «Revelar anticipadamente detalles dramáticos trascendentales» no solo atenta contra el suspenso o la sorpresa: “constituye, sobre todo, una abierta agresión y un vulgar menosprecio a las audiencias”, escribió.
La filtración de la escena no solo lo afectó a él. En su texto, el autor respaldó a los actores Laura Delgado y Roque Moreno, quienes también se manifestaron con incomodidad frente al adelanto no autorizado. Pero Sánchez fue más allá. Disparó al corazón de un fenómeno que ha ido creciendo al calor de los clics y los likes: la cultura de compartir por compartir. El apuro por tener “la última” y ser quien muestra lo que otros todavía no han visto.
“No lo hace la curiosidad”, dejó entrever. Lo hace el ego.
La publicación apelaba también a una ética compartida entre quienes hacen y consumen televisión. Había algo de añoranza, sí, pero sin nostalgia vacía. Cuando mencionó que ni su esposa conoce los detalles de la trama, lo hizo para subrayar una línea invisible que separa el proceso creativo del consumo final. Una línea que siempre debe ser respetada.
La respuesta de los usuarios no fue hostil. Tal vez por el peso del nombre. Tal vez por el peso del argumento. Sábados de Gloria, como toda telenovela popular, tiene su ejército de defensores y detractores. Pero esta vez, incluso entre bandos opuestos, pareció haber un acuerdo tácito: la escena no debió salir.
En Cuba, aunque las redes sociales operan como plaza pública, mercado negro y sala de cine al mismo tiempo, las filtraciones de contenidos son relativamente nuevas. Es por eso que agradecemos que Jorge Luis Sánchez decidiera alzar la voz y lo haya hecho para defender no solo su trabajo, sino también al público.
La televisión, recordó sin decirlo, sigue siendo una ceremonia colectiva. El problema no es que se rompa la ilusión. Es que algunos, por mostrarse, estén dispuestos a romperla para todos.




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