“El Acompañante” y las luchas dentro y fuera del ring
“El Acompañante” y las luchas dentro y fuera del ring

“El Acompañante” y las luchas dentro y fuera del ring

Por Brenda González Betancourt

En el 2016 el director Pavel Giroud estrenaba la película “El Acompañante”, un filme de realidades crudas y que se debatió ante la crítica artística entre el modo de representacional institucional y el independiente. Con una duración de un poco más de una hora y media, la historia se remonta a los años 80 en Cuba, específicamente en el período entre 1986 y 1988, cuando el SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) se convirtió en una temida enfermedad a nivel mundial.

Dos personajes llevan a cuestas la trama del filme. El primero de ellos, Horacio Romero, interpretado por el cantante Yotuel Romero, es un boxeador de los ganadores, pero sancionado por el uso de sustancias ilegales en el deporte, las cuales ingirió por la presión social que le imponía el público en sus peleas. Como “castigo” o escarmiento lo envían al sanatorio “Los Cocos” en las afueras de La Habana para ser el acompañante de Daniel, por Armando Miguel Gómez.

Este es un joven que se encuentra ingresado obligatoriamente por ser portador del VIH, controlado por militares y médicos que laboran allí. Daniel resulta el más rebelde de los que se encuentran casi que encarcelados, ha tenido incontables fugas y por eso se le asigna una persona para que sea su sombra y delator dentro del lugar. Tiene como objetivo salir del país de forma ilegal.

En medio de otros personajes como Boris, el médico sin escrúpulos que se ve contagiado por la enfermedad y termina chantajeando a Daniel y robándole, una mujer que fue enfermera y ahora se dedica a las salidas ilegales, se encuentra la actriz Camila Arteche quien da vida a Lisandra, una muchacha contagiada que está sola en su habitación, porque su compañera de cuarto falleció.

Este personaje refleja la fe con imágenes de los girasoles, las velas a la Virgen de la Caridad y a una estatuilla de San Lázaro que Horacio le regala. En ella prima el pensamiento de que la esperanza es lo último que se pierde, la añoranza de los tiempos pasados cuando señala que prefiere estar sola, con su música, sus tazas de té para quien la visite, sus sillones, pues así se siente más cerca de lo que fue su vida antes del diagnóstico.

El filme refleja luchas internas, además de la preparación para el ring de Horacio Romero, cada enfermo batalla con su destino, el boxeador se enfrenta a su realidad y debe arriesgar su salud por el amor que siente hacia Lisandra. También hay un reflejo de cubanía a través de las deidades, de los números que le ponían a cada enfermo al identificarlos por el objeto, animal, profesión, etc., al que nombraran en la charada.

La crítica a la sociedad cubana llega en el racismo y egoísmo de uno de los que sirve la comida, quien deja caer la carne para Romero al piso y luego se niega a darle otro pedazo, en el rechazo a Daniel cuando unos hombres lo ven tirado en el suelo, golpeado luego de la paliza de Boris para ocupar su puesto en la salida ilegal, y lo dejan allí cuando les dice que lo llevaran al sanatorio, en la supremacía del dinero sobre la amistad y otros aspectos deplorables.

Hacia el final de “El Acompañante” se puede deducir el flujo constante de la vida, un día detrás de otro. Con una pelea en la radio, una respiración agitada de Daniel que coincide con el conteo de protección del boxeo, y la evidente muerte del joven, el desenlace se aproxima.

Más de un espectador quedó emocionado con las escenas de cierre, un atardecer, un arcoíris y la lealtad de Romero a Daniel que lo lleva a ofrecerle su medalla aún después de muerto, terminan la película, no sin antes cerrar la puerta, acción que, si usted ha disfrutado del filme entenderá que no existió un fin mejor para los 104 minutos de drama.

Brenda González Betancourt, graduada de Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Matanzas y apasionada de la cultura. Ha colaborado con otros medios vinculados al arte y sus manifestaciones.


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