El cineasta cubano Jorge Luis Sánchez no pudo concluir su última película. La filmación siguió en marcha bajo la dirección de Alejandro Fernández, con la fotografía de Rafael Solís y un equipo actoral que asumió el rodaje como un acto de lealtad más que como un trabajo.
Concebido como largometraje de ficción, el filme se sitúa en una ciudad invernal del primer mundo —un lugar indistinto que puede ser París, Berlín o Londres—, donde Sandrina, propietaria de una agencia de viajes, patrocina la gira de una compañía artística cubana. En medio del itinerario, dos jóvenes actores, Yoandry y Claudia, se enfrentan a una propuesta que modifica el rumbo del viaje: no regresar a su país. Lo que comienza como una oportunidad de permanencia ilegal termina por revelar una red de tráfico humano y explotación sexual.


La idea fue escrita por Sánchez y comenzó a ejecutarse con él al mando. Su muerte dejó a mitad de camino la experiencia de un grupo de actores que aceptaron terminar lo que el director había iniciado. Ulises González, miembro del elenco, declaró a CubaActores que la película fue “una despedida al hombre que los reunió a todos”. Para él, la convocatoria de Sánchez no fue solo a interpretar un papel, sino a sostener una visión hasta el final.
La lista de intérpretes incluye a Ketty Rodríguez, Flora Borrego, Frank Andrés Mora, Ulises González, Harold García, Serafín García, Mayra Mazorra, Sheila Roche, Yei Zubiaur, Migneli Hung, Yanelsi Gómez, Jorge Juan Fernández Rivero, Grisell Franco, Ariel Julio Ávila y Yane Casanova. Muchos de ellos compartieron escenas mientras asumían el peso simbólico de una producción huérfana de su autor.
Desde redes sociales, Frank Andrés Mora expuso los rigores del rodaje. Describió el proceso como una prueba de resistencia. El guion —afirmó— fue “luchado y dirigido desde el cielo por Jorge Luis Sánchez”. Reconoció que hubo momentos en que la producción pareció al borde del colapso. Sin embargo, el trabajo se sostuvo sin atrasos. “Todo el mundo se puso los pantalones”, escribió.
La realidad del cine hecho en Cuba, con sus desafíos cotidianos, no quedó fuera de sus palabras. Mora se dirigió a sus colegas con un mensaje directo: “A ustedes que dejaron la piel en el sagrado sacrificio de hacer arte en este país sucumbido por la miseria, les digo: ¡Gracias! Ustedes son los héroes”.
Hoy, Performance entra en fase de postproducción. El desafío es uno solo: respetar el diseño original de Sánchez sin diluirlo. La película es ahora también un documento. No de su muerte, sino de su método. No de su ausencia, sino de su persistencia.




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