En Boleto al paraíso (2010), Gerardo Chijona plantea una premisa que rompe con el sentimentalismo habitual en las representaciones de la juventud: un grupo de adolescentes cubanos, durante el Período Especial, decide infectarse con el VIH como estrategia para acceder a alimentación, abrigo y una forma de “estabilidad” garantizada por el Estado.
Basada en el libro Sida: confesiones a un médico del doctor Jorge Pérez, la película muestra una narrativa poco explorada. No se trata aquí de pacientes agradecidos por la atención médica gratuita, sino de jóvenes en fuga permanente —del abuso, de la pobreza, de la marginalidad— para quienes el virus representa una entrada al único “paraíso” posible: el encierro institucional, pero con comida diaria.

La trama se articula a través del personaje de Eunice (Miriel Cejas), una adolescente que escapa del abuso sexual cometido por su padre. En su huida conoce a Alejandro (Héctor Medina), Fito (Fabián Mora) y Lidia (Dunia Matos), jóvenes sin hogar ni futuro inmediato. No hay proyecto de vida, solo supervivencia. El viaje a La Habana —supuestamente motivado por un concierto— es en realidad una huida colectiva hacia un sistema de protección que no existe en sus casas ni en las calles. Lo que sigue es un descenso progresivo por los mecanismos de la desposesión: robo, prostitución, manipulación, contagio deliberado.
El guion, firmado por Francisco García, Maykel Rodríguez y el propio Chijona, expone sin adornos cómo los personajes no buscan el virus por desesperación emocional, sino por cálculo racional. Saben que, mientras estén sanos, seguirán siendo invisibles. La enfermedad, paradójicamente, les da acceso al reconocimiento estatal.
El trabajo visual de Raúl Pérez Ureta prescinde del exotismo tropical o de la belleza descontextualizada. Las tomas refuerzan el deterioro ambiental y moral de la época. La música de Edesio Alejandro no busca subrayar la emoción, sino tensar la atmósfera, en consonancia con el montaje de Miriam Talavera. El sonido, a cargo de Osmani Olivare, mantiene ese registro austero y preciso. La dirección artística de Lorenzo Urbiztondo crea espacios verosímiles, donde la marginalidad no es decorado, sino entorno.
Los créditos completan el aparato de producción: Evelio Delgado como productor ejecutivo; coproducción entre la Productora Internacional ICAIC, Malas Compañías Producciones y la Fundación Villa del Cine; el reparto lo completan Jorge Perugorría, Luis Alberto García, Ariadna Núñez, Saray Vargas, Laura de la Uz, Alberto Pujol, Ariadna Muñoz, Blanca Rosa Blanco, entre otros grandes actores.
Boleto al paraíso fue premiada en el Festival de Cine de Málaga, el Festival de Fortaleza en Brasil, el Havana Film Festival New York y el Festival de Biarritz. No se trata de galardones que validen el filme como producto de exportación, sino como pieza que logra sortear la autocensura y el moralismo.
Boleto al Paraíso no busca idealizar la pobreza ni representar a sus protagonistas como simples víctimas. En lugar de eso, los muestra tomando decisiones conscientes en su lucha por sobrevivir, donde el VIH simboliza la única vía hacia la protección que necesitan, transformando la enfermedad en una clave para la supervivencia.





















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