“Boccaccerías habaneras”: cuatro historias, un filme
“Boccaccerías habaneras”: cuatro historias, un filme

“Boccaccerías habaneras”: cuatro historias, un filme

Por Brenda González Betancourt

El director cubano de cine Arturo Sotto supo contar a través de cuatro historias enlazadas de forma lógica, la realidad de diferentes personas comunes, en este caso personajes. La película de un poco más de una hora y media de duración “Boccaccerías habaneras” tiene como hilo conductor una audición que realiza un escritor para que le cuenten historias, pues se halla en un vacío creativo.

Así surgen cuatro subtramas, donde cada personaje intenta hacer su mejor esfuerzo para ser recompensado. Primero se sienta una pareja de señores que tienen tres hijos, la mayor va a casarse con el dueño de un agromercado, porque hay que “resolver”, pero realmente está enamorada de su primo, un muchacho preparado que se mantiene en silencio sobre sus sentimientos hasta el final.

Los síntomas de una Cuba real aparecen en situaciones como que la madre debe trabajar hasta horas antes de la celebración, porque el dinero no alcanza, hay problemas con el agua y la instalación hidráulica, la señora grita desde la ventana al marido para que le solucione el caos y este se muestra irritado.

En medio de los contratiempos, el humor es inminente y le otorga al filme una mirada distinta respecto a otros que muestran una verdad más cruda y tajante. Frases como “se cayó el Morro”, que hace referencia a que una reservación se ha cancelado, “se acabó el azúcar” versus “en Cuba lo que se sobra es azúcar”, y la alusión a la Virgen de Regla cuando se escoge la cercanía al mar como locación, dejan rastro de cubanía.

La boda termina como “la fiesta del guatao” con peleas y declaraciones de amor para cerrar esta primera historia con un plano erótico en pleno corazón de las calles habaneras y el recuerdo de los padres de que, hace muchísimos años atrás, cuando alguien contraía matrimonio, el gobierno regalaba cajas de cerveza y una reservación en un hotel.

Después se narran las peripecias de un joven acusado de alterar el orden público y de querer salir ilegalmente del país. En una carpa de circo se dará un espectáculo con un baúl antiquísimo que a los ojos de unos negociantes vale una fortuna en el mercado negro.

Lo que no saben es que en su interior se encuentra el muchacho, pues la misma noche que deciden robarlo, había bebido sin querer sedante para oso y la actriz que quería tener relaciones con él cree que está muerto y lo encierra allí.

Durante esta parte de la película se hace referencia a la prensa y la censura cuando enfatizan en que no deben tomarse fotos, solo las autorizadas, y aun así la publicación debe de consultarse ante de salir para evitar “malas interpretaciones”. También, a través del joven se muestra la prostitución como problema social.

El siguiente relato resulta breve respecto al resto, con una infidelidad que una amiga le cubre a otra y para ello interroga a su marido que llega de trabajar en una empresa. Al peguntarle si cumplen el plan anual un “se hace lo que se puede” abre el análisis del espectador, así como la omisión al cuestionamiento sobre si considera que retirarán el bloqueo hacia Cuba. Además, existe una crítica a la corrupción religiosa cuando el amante simula una práctica para encubrir la traición.

Un guion bien logrado introduce a una joven que, en lugar de contar sus problemas personales como los que le antecedieron, prefiere “inventar”, pues en Cuba “no hay tiempo para imaginar cosas bonitas”. Ella fue maestra, pero ahora trabaja luchando en las calles para poder comer. La historia trata sobre cómo una mujer le hace la estancia imposible en una tabaquería a un estudiante universitario de Ingeniería Industrial durante sus prácticas laborales.

El espejo de los conflictos sociales cubanos se refleja en que ella manipula los acontecimientos y los relata a su favor, los custodios revisan al personal antes de la salida para evitar que hurten tabacos y los vendan luego, el equipo de dirección regala a quienes supervisan el lugar, entre otras escenas.

Una transición hacia el local donde el escritor entrevista da inicio a los momentos finales del filme en el que en más de una ocasión se menciona al escritor italiano Giovanni Boccaccio, autor del libro de cuentos o novelas cortas “Decamerón”, de ahí el nombre de “Boccaccerías habaneras”.

Brenda González Betancourt, graduada de Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Matanzas y apasionada de la cultura. Ha colaborado con otros medios vinculados al arte y sus manifestaciones.


Comparte esta publicación con tus amigos.
Muévete con colarte. Toca para unirte
Muévete con colarte. Toca para unirte
Anuncio Patrocinado

Lo más destacado

Muere el actor cubano Jorge Losada

El actor cubano Jorge Losada Moreno falleció este domingo, según confirmaron fuentes cercanas. Nacido el 4 de diciembre de 1933, desarrolló una extensa carrera en…

Compártenos tu opinión sobre esta publicación

Descubre más desde CubaActores

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo