Baracoa, ópera prima del realizador Luis Ernesto Doñas, llega al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana con una propuesta que no se refugia en solemnidades ni en fórmulas previsibles. Tras un desarrollo que pasó por varios títulos provisionales hasta definirse con personalidad propia, la película se mueve con frescura entre situaciones reconocibles, momentos inesperados y un humor que aparece sin anunciarse.
El relato es sostenido por Carlos Luis González y Yadier Fernández, dos actores que se desplazan con naturalidad entre lo dramático y lo cómico, construyendo una química que no exagera, pero tampoco se esconde. A ellos se suma Giancarlo Giannini, figura del cine italiano, cuya presencia aporta un contraste atractivo sin romper el pulso cubano del filme, sumando un nuevo matiz dentro de esta ruta.




















La historia sigue a dos personajes de viaje hacia Baracoa, un trayecto que avanza más por imprevistos y tensiones cotidianas que por explicaciones. Doñas apuesta por un tono que combina libertad y precisión, donde la risa puede surgir de un gesto fuera de lugar, un comentario seco o una situación que empieza realista y roza lo insólito sin avisar.
Baracoa llega al festival como una película que observa el viaje, la convivencia y el desajuste humano sin dramatismos ampulosos ni discursos subrayados. Doñas debuta con un largometraje que apuesta por dejar que la chispa brote desde la vida misma: sin grandilocuencias, sin pose, y con la energía suficiente como para que el camino valga la pena.




Compártenos tu opinión sobre esta publicación