En la madrugada de este lunes, falleció en La Habana Rigoberto Senarega Madruga (Matanzas, 1960), director de fotografía, realizador y formador de generaciones de cineastas cubanos. Su partida deja un vacío profundo en el panorama audiovisual de la isla, donde su nombre es sinónimo de entrega, rigor y pasión por la imagen.
Licenciado en Geografía-Pedagogía en 1983, Senarega encontró pronto su verdadera vocación detrás de la cámara. A lo largo de su carrera, combinó la creación artística con la docencia, convirtiéndose en una figura referencial para varias generaciones de estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA), donde ejerció como profesor de Fotografía.
Sus inicios en el movimiento de cine clubes marcaron una etapa clave: allí filmó más de veinte materiales en 16 mm —entre cortos, documentales y largometrajes de ficción— que no solo sirvieron de escuela para él y sus colegas, sino que obtuvieron reconocimiento por la calidad de su trabajo fotográfico.
A partir de 1984, se vinculó a la productora TRIMAGEN, y poco después al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). Pero fue su ingreso al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) lo que consolidó una trayectoria profesional donde confluyeron sensibilidad estética y compromiso ético. En numerosos documentales, series televisivas y filmes de ficción, su impronta quedó registrada en cada encuadre: una mirada atenta, profundamente cubana y genuinamente humana.
Sus obras recorrieron festivales y muestras dentro y fuera del país —en Cuba, España, Italia, Estados Unidos, entre otros— como testimonio visual de una nación, su gente y sus historias.
Quienes compartieron con él un set o un aula destacan su vocación pedagógica y su generosidad como colega. El cine cubano despide hoy a un creador incansable, cuya obra continuará hablando por él con la misma fuerza con la que capturó la realidad en imágenes.
El ICAIC, institución a la que dedicó buena parte de su vida profesional, lamentó su fallecimiento a través de una nota en la que subraya: “Su legado permanecerá en cada imagen que capturó y en la memoria agradecida de quienes trabajamos junto a él”.
Rigoberto Senarega deja una obra sólida y una enseñanza que va más allá del oficio. Su cámara ya no está, pero su mirada permanece.




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