Alicia Hechavarría: «el jardín me conduce a casa»

A veces cometemos el error de tomar a la ligera el oficio del actor o actriz. Esto sucede porque como espectadores muchas veces nos perdemos la trasformación que ocurre bajo la piel de los profesionales de la actuación, al interpretar un personaje. Actuar es en realidad representar la verdad de la naturaleza humana; sin dudas una gran responsabilidad. Con mucho compromiso también asume su profesión Alicia Hechavarría, quien a pesar de su corta edad posee una sólida carrera en el mundo de la interpretación. Hoy, con su dulzura habitual (que sólo deja a un lado cuando algún personaje lo amerita) nos muestra un poco de su vida y sus intereses.

Te hemos visto trabajar en teatro, cine y televisión ¿Tienes preferencia por alguno de estos medios?

Disfruto todos, pero el cine me atrapó desde muy joven; fue amor a primera vista. El teatro es como mi segunda casa, mi terreno sagrado, mi santuario. La televisión, por otra parte, tiene tiempos mucho más rápidos por lo que representa un reto cada vez. Todos me han permitido crecerme, así que es muy difícil escoger sólo uno.

Los personajes que has interpretado distan de ser redundantes ¿Cómo haces para lograrlo? ¿Has rechazado un papel en alguna ocasión?

Creo que soy privilegiada, siento que mis personajes de alguna manera me han encontrado a mí. Actuar es y será siempre mi mejor terapia, y por tanto los personajes han llegado en el momento justo.  Por supuesto que he tenido que rechazar algunos, pero casi siempre porque me han coincidido con otros trabajos. A veces me ha pasado que me ofrecen un personaje muy similar a otro que recién terminé, y en función de mi crecimiento como actriz, debo buscar roles que me alejen de mi zona de confort.

De los roles que has interpretado ¿Cuál te ha sido más difícil? ¿Por qué?

Para identificar mis personajes más complejos de interpretar, debo ir por etapas. Creo que el primero que me costó mucho fue Gabriela (Gaby), en Las amargas lágrimas de Petra von Kant, ya que era la primera vez que trabajaba en teatro como actriz profesional. Fue todo un reto pues hacía de hija de mi padre (Fernando Hechavarría), y él, en la obra interpretaba una mujer. Además, recuerdo que mi personaje entraba justo después de una escena muy complicada donde mi padre (que en este caso era mi madre) tenía una ruptura, estaba muy triste; era entrar en un momento en el que la obra estaba en un listón bien alto, y yo debía llegar y romper con todo eso. Fue un desafío que disfruté muchísimo y cuando se retomó la obra casi 10 años después, lo disfruté el doble; ya era una actriz con más experiencia, tenía más madurez, y me dediqué más a disfrutar el proceso. La primera vez tenía 19 años recién cumplidos y era todo ese “descubrir” y fue hermoso, pero también complejo. Siempre he respetado muchísimo el teatro, creo que exige habilidades, sentido de improvisación y un derroche de energía extraordinario; es por esto que cada función es diferente.

A los 21 años llega mi primer rol protagónico en cine y fue un reto inmenso. Era un personaje completamente diferente a mí y eso requería alejarme de mi zona de confort; de igual manera demandaba un gran trabajo de investigación, una gran entrega. La cinta (Fábula) se filmó en muy corto tiempo, lo que puso las cosas aún más al límite. Creo que no hubiese sido posible sin la dirección de Lester (Hamlet), sin el apoyo incondicional de Carlos Luis González que fue mi compañero de escena, del equipo maravilloso que se reunió en esa película. Para mí fue mágico, con el cine fue amor a primera vista. Aunque mi primera vez en cine fue mucho antes, con 17 años (ni siquiera me había graduado aún) considero que Fábula fue mi entrada por la “puerta ancha” y con un director como Lester, que es un excelente director de actores, además un amigo entrañable, sin dudas él hizo mucho más fácil todo.

Si hablamos de roles complejos no puedo dejar de mencionar a «Anabel», mi personaje en la novela , pues tuve que adentrarme en un mundo que me era completamente ajeno. Debo decir que trabajar directamente con los niños en la escuela, aprender un poco del lenguaje de señas, me marcó profundamente para bien. Ha sido una experiencia que agradezco, pues te logra sensibilizar de una manera que te cambia. Interactuar con los niños, conocer sus historias, a los profesores que trabajan con ellos todos los días, que los impulsan a sacar lo mejor, fue una oportunidad única. Adoré hacer ese personaje, me fascinó volver a encontrarme con Lester de nuevo en la escena, siendo una actriz mucho más madura, con más experiencia de vida, con más recursos interpretativos. Fue un regalo. Un reto grande además por trabajar con actores de un calibre inmenso como Isabel Santos, Fernando Hechavarría, Yordanka Ariosa, Denys Ramos, Edgar Quintero (el actor que interpreta al niño), Néstor Jiménez, Daisy Granados… son tantos, no quiero que se me quede nadie fuera. Ha sido un lujo trabajar en esta novela con estos estos grandísimos actores, que además muchos de ellos son mis ídolos.

¿Has pensado en incursionar en otras especialidades del arte?

La música siempre ha sido un motor impulsor en mi vida. La uso para todo, lo mismo para limpiar que para preparar un personaje; la música siempre tiene que estar. En la novela (), Lester me impulsó a ser una mejor versión de mí, pude incursionar un poco en el tema del canto y me fascinó. Tengo que reconocer que al principio me daba pánico, pero trabajar con Rey (Reynaldo Sanler) de Sampling y preparar el tema fue una experiencia maravillosa. La canción es por demás única, impresionante… bellísima que además creo que cala no solo en el personaje de Anabel, sino en muchas cosas mías. Disfruté mucho esa aventura y no me molestaría hacerlo de nuevo, ¿Quién sabe? Tal vez algún rol musical para “romper el hielo” y después…no sé, no sé todavía; lo que sí sé es que me hace muy feliz cantar.

Ya hemos hablado de la novela Tú de Lester Hamlet ¿Pero, qué significó reencontrarte con este director? ¿Nos podrías contar un poco más sobre tu personaje? ¿Cómo fue rodar en plena pandemia? ¿Alguna anécdota?

Del personaje de Anabel en la telenovela ya comentaba antes, precisamente por su complejidad; requirió mucha preparación, entrega e investigación. Estuve tres meses trabajando en el tema del lenguaje de señas, pues quería tener la posibilidad de poder comunicarme ya que todo el tiempo estuvimos trabajando en la Vilches (escuela para niños sordos e hipoacusicos “René Vilches”). Allí tuve la oportunidad de conocer a Tatiana, mi mano derecha, mi gemela, fue mi todo; ella es la profesora de lengua de señas del grupo de niños que vieron en la novela, con los que siempre estaba. Son niños maravillosos, no me canso de repetir que ha sido una experiencia que me marcó: ellos me enseñaron mucho más de lo que yo fui capaz de darles.

Trabajar en pandemia fue muy incierto, todo el tiempo teníamos mucho miedo de contagiarnos nosotros o contagiar a alguien querido. Creo que al final uno se siente agradecido, privilegiado por estar vivo, por poder compartir escena, por actuar, por estar haciendo lo que uno ama. De alguna manera (creo que puedo hablar en nombre de todos los actores, pues estoy segura de que todos nos sentimos así) para nosotros llegar al rodaje y comenzar a actuar era la mejor terapia posible, “desconectábamos” todo lo demás y simplemente vivíamos ese momento. Para mí lo más importante fue eso: Vivir; que es un regalo y muchas veces no lo tenemos en cuenta.

Anécdotas hay varias, pasaron muchas cosas en los ocho meses que interrumpimos el rodaje. Hay una muy simpática con el vestuario, pues yo tenía un pantalón verde muy ajustado y lo empecé a usar en las grabaciones antes de la pandemia; cuando volvemos a rodar me tocaba por continuidad (la novela no se graba cronológicamente sino por locaciones) volver a usar el pantalón, que tenía un zipper al costado y al momento de ponérmelo, no cerraba. En fin, tuvimos que hacer toda la escena desde el otro lado (a la derecha), pues por la izquierda el zipper estaba completamente abajo porque nunca subió… de tanta comidita en los ocho meses de cuarentena.

Quienes te seguimos en redes sociales sabemos que haces una labor increíble visibilizando nuevos emprendimientos. Gracias a ello hemos podido conocer personas y pequeñas empresas con talentos increíbles en diferentes campos. ¿Qué importancia le concedes a los nuevos negocios que están surgiendo en Cuba?

Me parece vital poder ayudar nuevos emprendimientos, aunque en realidad lo veo más como una colaboración, pues las dos partes se pueden ver beneficiadas. Cuando los emprendedores que están comenzando me escogen a mí para visibilizar su producto me siento en el deber de ayudar; en realidad estamos ayudándonos todos, si cada uno pone “su granito de arena” las cosas pueden mejorar. Yo he tenido el placer de ser la “madrina” de varios que he visto florecer y eso me da muchísima alegría.  Realizan un trabajo maravilloso y de gran calidad, se dedican en cuerpo y alma. Creo que es lindo apoyar a ese tipo de emprendimiento, y necesario además.

También por tus redes sociales hemos conocido dos baluartes fundamentales de tu vida: el amor por tu familia y tu estilo de vida saludable. ¿Puedes comentarnos un poco más de ambos aspectos y la importancia que tienen para ti?

Mi familia sin lugar a dudas es prioridad en mi vida, el jardín que me conduce a casa –como dice aquella canción de Carlos Varela que tanto me gusta- Los actores trabajamos todo el tiempo con las emociones y eso sin dudas te puede llegar a afectar psicológicamente, es necesario tener una red de apoyo, esas personas que están para ti cuidándote, protegiéndote: en mi caso es mi familia. Ellos son mi ancla a tierra. Por otra parte, como mismo trabajamos con las emociones nuestro cuerpo es nuestro templo, es muy importante darle valor. Este tiempo de pandemia hemos podido valorar muchas cosas, priorizar, repensar; en mi caso fue un proceso de introspección genial, necesario, pues muchas veces no tenemos tiempo para dedicarnos, y es importante. No es algo banal, ni superficial querernos a nosotros mismos, de hecho, es preciso para luego poder ofrecer.

Durante la pandemia descubrí el yoga, practicaba con algunos tutoriales de youtube, y me ayudó muchísimo, me fue muy bien. Una vez que se empieza a abrir un poco comencé a hacer ejercicios con todo el equipo de Athletic Squad, que lo agradezco inmensamente ya que es un entrenamiento personalizado y mi estilo de vida ha cambiado. La energía que se transmite donde entrenamos es genial, tenemos mucha complicidad, la pasamos realmente bien. Además, te sientes más ágil, más activo, lo sientes en tu respiración, en tus horas de sueño –a veces no le damos el valor a la higiene del sueño y es tan importante para controlar los niveles de estrés- ha sido un despertar. Yo anteriormente había entrenado, mi problema era la constancia, y ahora, cuando debo faltar (por trabajo, generalmente) me siento mal.

Cuando publicaba mis entrenamientos en redes sociales, recibía comentarios favorables de las personas; me di cuenta que subiendo contenido de este tipo de manera constante, estaba inspirando a otros a seguir un estilo de vida saludable y positivo. También aprovecho mucho a una de mis “cómplices” que es Rachel, bailarina además, y grabamos videos de baile luego de nuestras rutinas para mostrar la otra parte del ejercicio, la diversión, la energía ¡es un todo! Y si yo puedo, las demás personas también pueden hacerlo, y ves como se embullan y comienzan a entrenar y me parece genial.

La comunidad que tengo en las redes es maravillosa y eso es lo que quiero transmitirles: energía positiva, buenas vibras, estilo de vida saludable. Realmente ese es en el punto que estoy en mi vida, así es como me siento y es lo que quiero compartir con las personas que están cerca de mí.


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One response to “Alicia Hechavarría: «el jardín me conduce a casa»”

  1. Avatar de
    Anónimo

    Muy ameno e interesante

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