La película que partió a Cuba en dos
La película que partió a Cuba en dos

La película que partió a Cuba en dos

En 1979, medio millón de cubanos vieron Retrato de Teresa en dos meses. Según los registros de la época, la mitad salió del cine odiando a la protagonista. La otra mitad odiaba al marido. El debate nunca se resolvió.

Retrato de Teresa se estrenó el 23 de julio de 1979. Medio millón de espectadores en menos de dos meses. Los registros del ICAIC hablan de discusiones acaloradas en las salas de cine. Se escribieron más de veinte artículos periodísticos tratando de resolver algo que, décadas después, sigue siendo materia de debate: ¿quién tenía razón?

Teresa trabaja en una fábrica textil. Ocho horas de turno. Delegada sindical. Llega a casa y empieza la segunda jornada: cocinar, limpiar, criar a tres hijos. Sola. Su marido Ramón considera que ya cumplió trabajando fuera de casa.

Cuando Teresa acepta dirigir el grupo de danza de la fábrica, Ramón explota. Que está descuidando sus obligaciones. Que una mujer tiene prioridades. Teresa le pregunta cuáles son exactamente sus obligaciones. Ahí se rompe todo.

Daisy Granados interpreta a Teresa. Adolfo Llauradó interpreta a Ramón. Pastor Vega dirige. El guion es de Ambrosio Fornet y el propio Pastor Vega.

Cuatro años antes, en 1975, Cuba había aprobado el Código de la Familia. El documento reconocía el valor del trabajo doméstico y promovía una distribución equitativa de las responsabilidades en el hogar. Cuando se estrenó Retrato de Teresa, quedó evidente la distancia entre la ley y la realidad cotidiana.

Los historiadores del cine cubano coinciden: la película dividió opiniones de forma radical. Una parte del público consideró que Teresa abandonaba sus responsabilidades familiares. Otra parte señaló que Ramón era un machista que además la engañaba y después la acusaba a ella.

Granados arrasó con premios. Moscú, Huelva, Portugal, Cartagena. Mejor actriz en todos. La película ganó reconocimiento internacional como uno de los primeros filmes en abordar abiertamente el machismo en la sociedad cubana de la época.

El dato más revelador lo aporta el crítico de cine Enrique Colina: durante meses, la pregunta sobre quién tenía razón circuló por toda Cuba. En casas, centros de trabajo, círculos de estudio. Teresa se convirtió en un espejo incómodo donde muchos cubanos se vieron reflejados.

Pastor Vega declaró años después que su objetivo era mostrar la contradicción entre el discurso oficial de igualdad y la persistencia de patrones machistas en la vida privada. Lo logró. Tanto que treinta años después, la película sigue generando las mismas discusiones.

Teresa preguntó en voz alta algo que muchas mujeres pensaban en silencio. Ramón defendió un orden que consideraba natural. La película puso todo eso en pantalla grande sin dar respuestas fáciles.

Y ahí está el mérito real de Retrato de Teresa: obligó a miles de cubanos a discutir algo que preferían no discutir. Quién lava los platos. Quién cocina. Quién cuida. Quién tiene derecho a tener vida propia fuera de la casa.

La respuesta, décadas después, sigue dependiendo de a quién le preguntes.


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