Hay rostros que llegan a la televisión para interpretar personajes y otros que terminan convirtiéndose ellos mismos en el personaje que el público sigue, cuestiona, quiere o rechaza. Josh Martínez pertenece a esa segunda categoría. Cubanoamericano, influencer y figura de los realities, su historia televisiva comenzó mucho antes de que el público hispanohablante lo descubriera en La Casa de los Famosos USA, pero fue precisamente su paso por este programa de Telemundo el que lo acercó de una manera particular a los espectadores cubanos, dentro y fuera de la Isla.
Antes de llegar a la casa que durante 115 días convirtió la convivencia, las estrategias, los conflictos y las emociones de sus habitantes en contenido televisivo, Josh ya había construido una sólida trayectoria en el universo de los realities. Ganador de Big Brother en Estados Unidos y participante de otros formatos de competencia, también formó parte de Los 50, de Telemundo, una experiencia que le permitió comenzar a acercarse al mercado latino.
Pero su llegada a La Casa de los Famosos significaba algo más. Para Josh, representaba la posibilidad de conquistar a un público latino que hasta entonces no lo conocía ampliamente. Y para los cubanos, su presencia adquirió muy pronto otra dimensión. En una casa marcada por alianzas, desencuentros y enfrentamientos, llegó incluso a cuestionarse su vínculo con la comunidad cubana. Sin embargo, lejos de renunciar a sus raíces, Josh insistió en reivindicar su identidad y en mostrar, a su manera, el orgullo por la familia, la cultura y la sangre cubanas que lleva consigo.
El público terminó haciendo suyo ese sentimiento. Su incorporación a los llamados “Guerreros de la Luz” y su posterior llegada a la gran final convirtieron a Josh en uno de los protagonistas de una temporada que generó intensas conversaciones entre los seguidores del programa. Telemundo confirmó finalmente su cuarto lugar en la competencia.
Más allá del resultado, quedó algo que trasciende el reality: la conversación sobre qué significa representar a una comunidad cuando se vive lejos de la tierra de origen y sobre quién tiene derecho a asumirse como parte de ella. Josh no pretende hablar por todos los cubanos; habla desde su propia experiencia, desde una familia que conserva sus vínculos con la Isla y desde una identidad construida entre dos culturas.

—Josh, aunque naciste en Estados Unidos, tus padres son cubanos y siempre has mostrado un profundo orgullo por tus raíces. ¿Qué significa para ti ser cubano y latino?
—Para mí, el orgullo más grande es ser cubanoamericano. Creo que mis raíces están en mi crianza, en mi forma de ser, en mi personalidad y en la sangre que corre por mis venas. Aunque no nací en esa tierra, llevo a Cuba en el corazón y en la sangre.
—¿Qué recuerdos, costumbres, valores o enseñanzas de tus padres sientes que han marcado más tu personalidad?
—Creo que la unión familiar. Para mí es lo más importante. Mi familia, en las buenas y en las malas, siempre me enseñó que hay que apreciarla, quererla y cuidarla. Mi mamá me crió siempre con la idea de mantener a la familia muy unida. Incluso con mis primos que estaban en Cuba y a quienes no conocí, siempre hemos mantenido la comunicación: nos mandamos videos, nos escribimos por Facebook y tratamos de mantener siempre presente a nuestra familia, que es lo más importante para mí.
—¿Qué significa para ti representar a la comunidad latina y, particularmente, a la cubana dentro de la televisión estadounidense?
—Para mí es un honor representar la cultura latina. En muchos de mis proyectos, a veces soy el único hispano en el reality y, aunque no era mi meta inicial representar a mi gente, mi cultura y mi familia, es un honor de verdad. Me siento bendecido porque Dios me ha abierto tantas puertas en este medio para poder enseñar un poco más de mi cultura.
—Fuiste el primer latino en ganar Big Brother en Estados Unidos. ¿Qué sentiste al saber que habías hecho historia?
—Yo fui un gran fanático de Big Brother desde niño, entonces, entrar y ganar, siendo el primer y el único latino en hacerlo, de verdad que es un honor. Dios quiera que vengan muchos más latinos detrás de mí.
«Creo que en ese proyecto nunca hubo mucha representación latina o, si la había, era una sola persona. Entonces, para mí fue una oportunidad de enseñar quién soy como ser humano, pero también la pasión, el carácter y el fuego que llevamos los latinos por dentro, y llevar un poco de ese sabor a la casa. Creo que dejé mi huella y mi trayectoria. Soy un jugador que quedó marcado por lo fuerte que soy de carácter en esa casa, y creo que, obviamente, eso viene de la sangre que corre por mis venas».
—Después de ganar, ¿cómo cambió tu vida personal y profesional? ¿Qué parte de aquel Josh que entró a Big Brother todavía permanece en el Josh que vemos hoy?
—Ganar Big Brother me cambió la vida entera. Me abrió tantos caminos y tantos proyectos. Llevo diez años siendo exitoso en los realities y creo que tengo una personalidad muy fuerte que funciona en ese espacio. Pero también creo que la trayectoria que dejé y el juego que jugué hicieron que fuera un jugador muy memorable. Hasta este día, mucha gente habla de mí y sigue hablando de mí. Y creo que eso me hace feliz: haber sido fanático del programa, pero también haber hecho historia.
—Tu reciente participación en La Casa de los Famosos USA generó muchas conversaciones y fuiste considerado uno de los participantes de mejor desempeño. ¿Qué crees que hizo diferente tu paso por el programa?
—Para mí, entrar a La Casa de los Famosos fue una meta difícil porque no tenía público en Latinoamérica. No pensaba que se me iba a dar, pero los productores que me conocieron en Big Brother tuvieron fe en mí. Y les dije: “Si entro por esas puertas, lo voy a dar todo”. Y lo di todo.
«Entregué mi alma, mi corazón y mi estrategia. No dejé nada por decir ni por enfrentar, y con eso estoy feliz de mi desempeño en la casa. Creo que, como jugador y como personalidad de reality, dejé mi huella igual que en aquella casa.
«Estoy muy feliz porque, aunque no gané, tuve un buen desempeño, llegué a la final y me gané un público lindo en Latinoamérica, algo que para mí, desde que estoy en este medio, ha sido un sueño.
«Creo que me fue bien en la casa porque nunca le tuve miedo a las críticas del público. Nunca estuve buscando su aceptación; siempre fui cien por ciento yo, en las buenas y en las malas. Creo que el público conectó con lo real que era, y eso me da mucha felicidad. Porque, si me odias, me odias, pero si me amas, me amas por mí. Y ese es el mejor regalo del público: que te acepten tal y como eres».
—En este tipo de programas, la convivencia puede sacar a relucir tanto lo mejor como lo peor de las personas. ¿Hubo alguna situación que te haya dejado una enseñanza particularmente importante?
—Mira, no me arrepiento de nada, porque tengo éxito en los realities porque soy una persona de carácter fuerte. Si tengo que enfrentarme a una persona, me voy con todo. Pero a veces veo cosas en las redes y digo: “Uf, ahí me podía haber aguantado un poco más” o “¿Tenía que darle tan duro?”.
«Soy una persona apasionada y de todo aprendo. Creo que en mis próximos proyectos voy a intentar no ser tan “mecha corta”, aunque sé que a los productores les encanta. Tú sabes que mi familia ve los proyectos y sé que muchas de las cosas que pasaron en esa casa sí afectaron a mi gente. Entonces, para la próxima, seré más consciente de eso».

—¿Hay algo de tu participación en La Casa de los Famosos que hoy harías de una manera diferente?
—Creo que, dándome cuenta del desempeño y de lo protagonista que era, sé que estaba jugando fuerte y que era un jugador muy fuerte, pero dejé que se engancharan mucho conmigo. Creo que les di demasiado foco a personas que no se lo merecían, que de verdad no estaban aportando nada, pero que, al enfrentarse conmigo, recibieron mucho protagonismo.
«Para la próxima, no les voy a dar esa fuerza a personas que simplemente no tienen la personalidad para brillar por sí mismas y necesitan pelearse conmigo. La próxima vez, si alguien se quiere colgar de mí, lo voy a dejar ahí, que sea un mueble, y no voy a permitir que coja brillo por ser mi contrincante».
—Existe cierto prejuicio hacia quienes construyen una carrera en los realities. A veces se dice que quienes participan en estos formatos “no tienen una carrera” o que ser una personalidad de reality no constituye realmente una profesión. ¿Qué opinas de esa percepción?
—Uf, sí. Creo que hay muchos prejuicios cuando eres una estrella de reality, porque mucha gente no considera que sea una carrera respetable. Pero, para mí, me ha cambiado la vida. Estoy orgulloso de ser un chico reality. Me ha cambiado la vida, me permite apoyar a mi familia y he podido viajar por el mundo gracias a ser un chico reality.
«Soy orgulloso de eso. Incluso en La Casa de los Famosos entran actores que llevan años de carrera, y creo que es un formato nuevo que mucha gente de esta generación está consumiendo. Entonces, aunque la gente tenga prejuicios, no me afecta. Nunca me ha afectado y voy a seguir aprovechando cada oportunidad que venga en el espacio de los realities, porque me encanta el formato y me encanta competir».
—¿Qué tienen estos formatos que consiguen conectar de una manera tan directa con el público?
—Creo que formatos como La Casa de los Famosos tienen algo especial porque son 24/7. Entonces, el público te conoce por quién eres. No te puedes esconder. Si no quieres enseñar quién eres en realidad, te conviertes en un mueble, y yo soy una persona que lo enseña todo. Llevo el corazón en los hombros y no le tengo miedo a que la gente tenga una opinión o crea lo que quiera de mí. Yo sé quién soy.
«Eso me da la habilidad de dar el cien por ciento en todo y creo que eso es muy lindo, porque conectas con un público que te quiere y te apoya. Con La Casa de los Famosos me gané un fandom lindísimo. Estoy muy agradecido de que conectaran conmigo, de que me dieran tanto cariño y de que me llevaran hasta esa final con su cariño y apoyo».
—¿Consideras que un participante de reality también necesita desarrollar habilidades profesionales para mantenerse vigente después del programa?
—Creo que ser una estrella de reality te abre muchas puertas para otros proyectos. Obviamente, no puede ser tu único trabajo; tienes que desarrollar otras habilidades profesionales. Pero sí considero que, gracias a Dios, he tenido la oportunidad de seguir teniendo mucho éxito en ese espacio.
«Estoy agradecido y también enfocado en crecer y alcanzar otras metas en los negocios. Estoy invirtiendo en propiedades y buscando otras formas de invertir las ganancias que he obtenido con mis proyectos».
—¿Has pensado en incursionar en la actuación?
—Te digo la verdad: nunca consideré la actuación antes de La Casa de los Famosos, pero conecté con un mánager que me está encaminando por el camino correcto. Voy a empezar clases de actuación y a ver qué se viene.
«Nunca lo había pensado, pero la gente dice que soy un poco dramático y creo que es algo que quiero desarrollar. Tengo buenos amigos como Horacio Pancheri, Laura Zapata y Sergio Mayer, que me pueden dar un buen consejito. Así que vamos a ver qué se viene».
—¿Cómo es Josh Martínez fuera de las cámaras y las redes sociales?
—Soy una persona muy tranquila. Creo que la gente ve mi carácter y piensa que soy una persona conflictiva, pero la realidad es que tengo una familia muy bella, amigos de hace muchos años y me encanta entrenar, viajar y estar con mi familia.
«Soy una persona a la que le encanta conectar con gente nueva. Quizás no ven ese lado de mí que tiene mucho protagonismo en los realities: el de ser una persona directa, confrontativa y con opinión, sin pelos en la lengua. Pero también soy una persona de buenos sentimientos, tranquila, a la que le gusta mantener la calma en su vida real. No me gusta el drama, aunque no lo crean.
«Estoy agradecido de poder tener estas oportunidades y de seguir bendiciendo a la gente que tengo alrededor. Mientras mi familia esté contenta, feliz y me apoye en mis proyectos, yo lo voy a seguir dando todo».


Su historia también resulta especialmente interesante para CubaActores porque Josh Martínez forma parte de un fenómeno que ya no puede entenderse como una moda pasajera. La televisión contemporánea ha comenzado a desdibujar las fronteras entre actores, influencers, cantantes y personalidades surgidas de los realities, mientras estos formatos se consolidan como grandes escaparates de popularidad y, para muchos, como nuevas puertas de entrada a la industria audiovisual. En ese escenario también han incursionado intérpretes cubanos como Adrián Di Monte, Aylín Mujica, Niurka Marcos, Yany Prado, Sian Chiong y el propio Jazz Vilá, cada uno desde su experiencia y con recorridos diferentes.
Josh representa esa transformación desde otro lugar: el de quien ha convertido su personalidad y su capacidad para competir, convivir y generar conversación en una verdadera herramienta profesional. Después de varios años construyendo una carrera en los realities, hoy mira hacia nuevos horizontes, entre ellos la actuación, consciente de que la exposición también puede abrir caminos inesperados.
Por eso, esta conversación trasciende la experiencia de un chico reality. Es el encuentro con un cubanoamericano que lleva sus raíces como parte inseparable de su identidad, que aprendió a convivir con el juicio público y que encontró en la televisión un espacio para mostrarse sin demasiados filtros. Entre las cámaras y la vida real, entre la estrategia y la espontaneidad, Josh Martínez continúa construyendo su propia historia, mientras una pregunta queda sobre la mesa: ¿hasta dónde puede llegar una persona cuando el público deja de mirar solamente al personaje y comienza a interesarse por quien existe detrás de él?




Compártenos tu opinión sobre esta publicación