Pedrito Martínez: crecer frente a la cámara y aprender a mirarse
Pedrito Martínez: crecer frente a la cámara y aprender a mirarse

Pedrito Martínez: crecer frente a la cámara y aprender a mirarse

Por: Félix A. Correa Álvarez

Hay una madurez que no depende de los años, sino de la capacidad de detenerse, escuchar y comprender lo que cada experiencia deja en el camino. Pedrito Martínez, uno de los jóvenes actores cubanos más talentosos de su generación, parece haber encontrado en esa manera de entender la vida y el oficio una brújula para seguir creciendo. Su paso por la televisión, el teatro y el cine ha ido perfilando a un intérprete que busca nuevos desafíos sin perder de vista sus raíces.

«La manera de actuar siempre cambia, pero mantengo la base de lo que aprendí. Me encanta aprender de mis compañeros; siempre se aprende algo», afirma. En esa disposición a seguir descubriendo parece estar una de las claves de su evolución. «Creo que donde más he cambiado es en la manera de mirarme. Hoy intento escuchar más: al personaje, al compañero, al director, al silencio de la escena. Ya no lo veo como una carrera hacia un papel, sino como un oficio que se construye día a día, en cada set, incluso en los trabajos que nadie ve».

Su reflexión trasciende la experiencia individual y revela una concepción de la actuación que encuentra en el aprendizaje constante y en el respeto sus principales fundamentos. «Mi manera de entender la profesión siempre ha estado marcada por el respeto y la admiración hacia el arte y por la forma en que este mueve al mundo».

Desde esa convicción, Pedrito Martínez mira hacia una etapa de nuevos horizontes profesionales, con la participación en First Out, cortometraje dirigido por Michelle Salcedo, y Porto Rico, el largometraje con el que Residente debuta en la ficción cinematográfica, como oportunidades para explorar otros universos y continuar construyendo su camino.

—First Out aborda la historia de dos hermanos cubanos y su deseo de llegar a Estados Unidos a través del béisbol. ¿Qué te atrajo de este proyecto y qué posibilidades te ofrece un formato breve para construir un personaje con profundidad en tan poco tiempo?

—De First Out me atrapó que era una historia que conozco desde adentro. Un sueño y tu habilidad como puerta de salida: eso es Cuba. El cortometraje te obliga a ser preciso. No tienes tiempo para explicar al personaje; tienes que traerlo ya vivido, con su historia en el cuerpo, y hacer que cada mirada cuente el doble.

—Este cortometraje pone sobre la mesa cuestiones como la emigración, las oportunidades y el precio de perseguir un sueño. ¿Qué te interesa explorar como actor en historias donde los personajes tienen que elegir entre quedarse, marcharse o arriesgarlo todo para cambiar su destino?

—Como actor que ha pasado por la experiencia de emigrar, cruzar varios países y alejarse de toda su familia, me interesa mucho este tema. De hecho, escribí mucho durante la travesía y, en el futuro, me encantaría expresar a través del arte lo que se siente al tener que dejar todo lo que conoces y amas para crecer.

«Me interesa ese instante antes de la decisión, cuando el personaje todavía no sabe si quedarse o irse y carga con las dos posibilidades a la vez. Para muchos cubanos eso no es ficción, es la vida. Como actor, quiero mostrar que detrás de cada salida hay alguien que pierde algo: una familia, un barrio, una versión de sí mismo. Ese precio es lo que más me conmueve contar».

—Formas parte de Porto Rico, la película con la que Residente debuta en la dirección de largometrajes de ficción, en una producción protagonizada por Bad Bunny y con un reparto internacional. ¿Cómo llegó esta oportunidad a ti y qué sentiste cuando supiste que ibas a formar parte del proyecto?

—Yamila, la mamá del actor Arian Cartaya, con quien trabajé en Pedro Pan, le habló al equipo de mi trabajo. Me pidieron mi material y René me llamó directamente. Me explicó de qué iba el proyecto, me envió el guion y me fue haciendo pruebas de casting durante tres meses, hasta que me confirmaron que estaba en la película interpretando al personaje que quería. ¡No lo podía creer!

«Me encanta Residente desde que era niño; crecí con su música. Saber que iba a estar bajo su dirección, además de compartir escenas con Benito y Rubén Blades, que también son iconos de la música, fue una mezcla de emoción, nervios y mucha gratitud. ¡Y eso sin mencionar al resto del equipo que forma parte de esta película! Todos son muy talentosos y hermosos seres humanos».

—La película aborda un capítulo complejo de la historia de Puerto Rico desde una mirada caribeña. Aunque todavía no se conocen públicamente todos los detalles de tu personaje, ¿qué te ha interesado de la historia y del universo que propone Residente?

—Me interesa que sea una historia del Caribe contada desde el Caribe. Muchas veces nuestra historia la han narrado otros. Residente propone un universo donde Puerto Rico habla con su propia voz, con su dolor, su humor y su rebeldía. Sin poder adelantar mucho sobre mi personaje, sí puedo decir que me tocó acercarme a una época y a un país que me hicieron entender mejor de dónde venimos todos en la región.

—En una producción de esta dimensión coinciden intérpretes con experiencias, escuelas y trayectorias muy diferentes. ¿Qué has descubierto sobre tu propio oficio al trabajar en ese contexto y qué te gustaría incorporar de esa experiencia a tus próximos proyectos?

—Descubrí que el oficio es mucho más humilde de lo que uno imagina. Ver a actores con trayectorias enormes llegar preparados, atentos y ser generosos con todo el equipo me enseñó que la grandeza está en la disciplina y en el respeto. Me llevo eso: llegar siempre listo, escuchar más, no tener miedo a proponer y no perder nunca la curiosidad, por mucha experiencia que uno acumule.

—El Caribe comparte historias de colonización, identidad, migración y resistencia, pero cada isla tiene su propia memoria. Como actor cubano dentro de una película centrada en Puerto Rico, ¿qué conexiones encuentras entre ambas realidades y qué diferencias te parece importante preservar?

—Cuba y Puerto Rico comparten mucho: la colonización española, la música, la manera de hablar, la resistencia y el sentimiento de ser islas que miran hacia afuera. «Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas», decía Lola Rodríguez. Pero cada isla tiene su herida particular, y me parece importante no mezclarlas como si fueran la misma. Como actor cubano, mi trabajo ahí fue servir a la historia de Puerto Rico, con respeto.

—¿Qué parte de ti termina apareciendo incluso en los personajes más alejados de tu personalidad? ¿Y ha habido alguno que te haya obligado a descubrir una faceta tuya que desconocías?

—Creo que siempre aparece mi sensibilidad y una cierta melancolía cubana que llevo encima, aunque el personaje sea muy distinto a mí. Realmente, yo me voy formando con los personajes. Cada uno trae algo mágico que me hace ver las cosas desde otro punto de vista, desde otra época, desde otro idioma. ¡Y siempre me quedo con lo que más me gusta y lo incorporo a mi vida!

—La carrera de un actor también está hecha de silencios, esperas, rechazos y oportunidades que parecen llegar cuando menos se esperan. ¿Cómo has aprendido a gestionar la incertidumbre sin permitir que determine tu autoestima ni tu manera de entender el éxito?

—Las esperas sí son muy pesadas —dice entre risas—, pero valen la pena. También creo que lo que sucede conviene. Los directores a veces quieren una voz, una cara, una mirada y, por muy buen actor que seas, a veces no eres tú. Pero llegará uno que sí. Lo que no se puede es dejar de intentarlo.

«Aprendí, y sigo aprendiendo, que un «no» casi nunca es sobre mí. Mientras espero, trabajo: tengo otros empleos, me preparo, me mantengo ocupado y en contacto con la gente que quiero. Eso me ha ayudado a no medir mi valor por el teléfono que suena o no suena. Para mí, el éxito es poder seguir haciendo esto con dignidad y sin perderme en el camino».

—¿Qué significa hoy para ti ser un actor cubano? ¿Lo sientes como una raíz que te acompaña, como una responsabilidad cuando cuentas determinadas historias o como una identidad que también puede cambiar con el tiempo?

—Ser actor cubano es una raíz que no se arranca. Está en cómo hablo, cómo me muevo, en la escuela de arte y de teatro donde me formé y en los amigos que siguen siendo mi familia. También es una responsabilidad cuando cuento historias de Cuba, porque son las historias de mi gente. Pero no la vivo como una identidad cerrada: va creciendo conmigo, con cada lugar donde vivo y cada personaje que hago.

—Fuera de los rodajes y de los personajes, ¿qué te ayuda a mantener los pies en la tierra? ¿Qué cosas de tu vida cotidiana necesitas preservar para que la profesión no termine ocupándolo todo?

—Mi familia, mis amigos de toda la vida y el trabajo me mantienen conectado con lo real, con gente que no está en este mundo. También necesito preservar el tiempo con mi mamá y con mis amigos de Cuba. Eso me recuerda quién soy cuando no estoy actuando.

—Si esta etapa de tu carrera te está abriendo nuevas puertas, ¿qué te gustaría encontrar al otro lado? No solo en términos de oportunidades, sino como actor y como persona: ¿qué clase de vida y de trayectoria quieres construir para sentir que todo este camino ha merecido la pena?

—Me gustaría encontrar proyectos que me reten y que cuenten algo importante, sobre todo historias latinas y caribeñas con verdad. Como persona, quiero una vida donde pueda trabajar en lo que amo sin dejar de estar cerca de los míos.

En el camino de Pedrito Martínez, crecer como actor parece ir de la mano con aprender a vivir, aceptar las incertidumbres y conservar intactas las razones que lo llevaron a elegir esta profesión. Desde Cuba hasta los nuevos escenarios que hoy se abren ante él, lleva consigo las experiencias, los afectos y la memoria de una isla que también forma parte de los personajes que interpreta. No parece tener prisa por llegar a ninguna meta definitiva; prefiere seguir aprendiendo, asumir desafíos y encontrar historias que merezcan ser contadas.

Quizá por eso, cuando piensa en el futuro, su aspiración más profunda no se mide únicamente en películas o nuevos papeles: «Si dentro de unos años miro atrás y veo una carrera honesta y una vida en paz, sentiré que todo el camino valió la pena».


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