Hace unos días, la actriz Jessie Riffá y el fotógrafo Pablo Moreira hicieron explotar las redes sociales con una explosiva sesión de fotos ambientada en el burlesque. Las instantáneas salieron además en la portada de la revista canadiense Edith Magazine N° 1016, una reconocida publicación impresa y en línea relacionada con la belleza y la moda, la plataforma perfecta para creadores talentosos y marcas artísticas. Ser publicado en la revista Edith es fantástico para el portafolio de cualquier creativo y un sólido paso hacia el éxito.
Muchos medios realizaron cobertura del suceso y, por supuesto, en CubaActores no queríamos quedarnos atrás. Es por ello que contactamos a Jessie y a Pablo Moreira, los protagonistas de esta sesión, para conocer un poco más sobre las fotos, sus consideraciones, experiencias y cómo habían tomado este merecido revuelo mediático.
Jessie Riffá es reconocida no solo por su talento como cantante y actriz, sino también por su versatilidad tanto delante como detrás de las cámaras. Además de dirigir, producir y protagonizar varias obras teatrales, ha recibido formación de renombrados actores como Raúl Eguren y José A. Rodríguez. Durante cinco años, fue miembro de la prestigiosa compañía Hubert de Blanck, donde su trabajo fue reconocido con una nominación a los premios Caricato de Actuación. Su experiencia abarca desde la actuación y el canto hasta la asistencia en la dirección en la compañía Mefisto Teatro. Actualmente, se desempeña también como relacionista pública en CubaActores y directora de la Revista Taboos, sobre erotismo y sexualidad. Además, ha sido modelo para varios fotógrafos a lo largo de los años.
La sólida trayectoria de Jessie nos hace pensar que es una de esas actrices que se mueve constantemente y evoluciona en sus procesos creativos. La popularidad le llegó desde niña y por méritos propios, ya que aunque proviene de una familia de grandes artistas, muchos en Cuba la recordamos desde pequeña en programas como «Arcoíris musical». Este desafío de ser reconocida aun cuando, debido a su edad, no se tiene la perspectiva de lo que implica ser una figura pública, Jessie siempre lo ha llevado con gran aplomo, mostrando un profundo respeto por su público y, sobre todo, teniendo una visión clara de cómo quiere dirigir su carrera.
Esto, por supuesto, influye en las obras que elige y en el cuidado de los detalles en cada uno de los proyectos en los que decide participar, incluyendo su faceta como modelo. No solo aporta su imagen, sino también todos sus conocimientos interpretativos y su presencia escénica a cada instantánea en la que aparece: el resultado, como hemos visto, es simplemente maravilloso.
Jessie nos comenta que fue una sesión programada desde hace tiempo, y este tipo de series fotográficas son un reto, ya que incluyen, en cierta manera, la interpretación y exigen más del modelo. «Fue un proceso hermoso», asegura.

La sesión fue realizada en Casa Miglis, un lugar mágico en La Habana que permitió capturar la esencia de la estética burlesque. Este género, aunque surgió como un subgénero literario, se ha expandido hacia otras formas de arte combinando comedia, teatro, música y, sobre todo, sensualidad. Sin embargo, lo que muchos no saben es que el burlesque también es una forma de desafiar los estándares de belleza y promover el empoderamiento femenino, algo que Jessie y Pablo no pasaron por alto.
Dentro del burlesque, los artistas utilizan la sensualidad y la presencia escénica para conectar con su propio cuerpo, reivindicando su sexualidad de una manera que no siempre es posible en otros ámbitos de la vida. La ropa y los accesorios que se utilizan también son una forma de expresarse. Son prendas y adornos extravagantes que permiten explorar diferentes facetas de la personalidad y el erotismo.
A través del burlesque, se demuestra que la seducción puede manifestarse de diversas formas, transmitiendo sensualidad mediante la expresión corporal. Y aunque podríamos haber pensado que al capturar estos momentos en una instantánea limitaríamos esos gestos y movimientos, las fotos de Pablo nos han dejado sorprendidos, ya que estas imágenes fijas nos transmiten carácter y una clara narrativa, gracias a la habilidad del fotógrafo y su modelo.
No faltaron los datos curiosos y las referencias culturales durante la sesión, la cual cuenta con un acabado impecable. Jessie comenta: «La boa de plumas que utilizamos nos la prestó el diseñador Ismael de la Caridad y perteneció a Rosita Fornés«, como un homenaje a la gran vedette. Este guiño astuto a la Rosa de Cuba desde una estética que se aleja de la región, pero que evoca, de cierta manera, a mujeres emblemáticas de la isla, evidencia que todos los detalles fueron tenidos en cuenta minuciosamente. Ambos tienen mucho respeto por estas grandes personalidades: Jessie lo lleva en la sangre, y Pablo lo muestra a través de su visualidad. El resultado es una verdadera obra de arte.
Jessie agrega: “Es un homenaje a las divas del burlesque y al cabaret francés”. Además, destaca que “trabajar con Pablo es muy cómodo, dirige muy bien y tiene una visión muy clara de lo que quiere lograr”.
Cuando le preguntamos a Jessie sobre la conmoción mediática nacional e internacional de la sesión fotográfica, se mostró asombrada y agradecida. ”Me siento orgullosa de aparecer en la portada de una revista siendo una mujer curvy en mis 40”, y tiene toda la razón. En muchas ocasiones, los medios limitan la belleza a ciertos parámetros estéticos y a cierta edad, y aunque muchas compañías, agencias y marcas están tratando de derribar estas barreras, aún queda mucho por hacer. Hoy, Jessie y Pablo nos han mostrado que la belleza no tiene edad ni tipo de cuerpo, y eso, sin dudas, es una de las fortalezas de las fotografías. “Estamos reivindicando la diferencia”, fue la conclusión de la actriz.
Por su parte, Pablo Moreira, uno de los fotógrafos cubanos más reconocidos en los últimos tiempos, con series fotográficas impactantes como las de las actrices cubanas y otras más oníricas pero igualmente bellas, es un creador nato con la habilidad de plasmar justo lo que sale de su mente.
«Bueno, para contar cómo sucedió la colaboración con Jessie, debería mencionar que desde que la vi a los 21 años en un videoclip, quedé impactado por su belleza y sensualidad», explica Pablo. «Recuerdo el amor platónico hacia esa cantante hermosa que hoy es mi gran amiga y musa. Desde entonces, siempre quise poder algún día hacerle fotos y conocerla, aunque en ese momento ni siquiera era fotógrafo, pero me apasionaba la idea de crear algo mágico con esa mujer que me había dejado boquiabierto. Somos amigos desde 2018; para algunos será poco tiempo, pero parece que la conozco de toda la vida. Hubo una conexión y un feeling increíble; siempre decimos que somos dos virgos que se parecen demasiado, y me atrevo a decir que es mi alma gemela y mi versión femenina».
El fotógrafo también destaca: «Jessie tiene un encanto y sensualidad natural, no finge ni necesita intentarlo. En su manera de hablar, de proyectarse, incluso en un simple movimiento, es sensual y tiene una delicadeza, fuerza y carácter increíbles… Es la combinación perfecta». Además, añade: «Puede personificar lo que quieras y me inspira mucho para crear. Este shooting fue pensado especialmente para Jessie; no imagino a otra persona que no fuera ella. Le comenté la idea y ella aceptó de inmediato, pero no teníamos ni vestuario ni accesorios, ni siquiera una locación. Fue todo un reto ya que soy muy ambicioso y perfeccionista».
El meticuloso y detallado proceso de Pablo para crear este shooting a menudo se pasa por alto en la apreciación final de la obra. Desde la concepción de la idea hasta la ejecución final, cada paso fue cuidadosamente planeado y ejecutado. No solo tuvo que idear el concepto y asegurarse de que fuera perfectamente adecuado para Jessie, sino que también enfrentó el desafío de construir el vestuario y los accesorios, algunos desde cero. Este esfuerzo es fundamental para comprender la profundidad del compromiso artístico y su determinación para llevar a cabo su visión con excelencia. Como él mismo explica: «Necesitábamos un corset, guantes, pedrería; escogí perlas, que son símbolos de elegancia y pureza, aunque muchos las asocian con mala suerte». La selección de la pedrería tampoco fue al azar; con esta superstición asociada a estas piedras preciosas, se quiso simbolizar el trágico destino de muchas cortesanas y bailarinas de esa época.
«Jessie tenía un corset, lo forré y luego, agregué otros accesorios de encaje y comencé a coser perlas y canutillos dorados. Fueron noches cosiendo y creando las prendas para la sesión fotográfica», continúa explicando Pablo.
Sobre la sesión en sí, comenta: «El shooting fue genial, risas, sensualidad y complicidad, y desde que salió a la luz ha traído cosas muy lindas como esta portada de revista y el reconocimiento de otros medios donde hablan de Jessie y mi trabajo».
Esta poderosa colaboración artística no solo ha cautivado con su belleza y sensualidad, sino que también ha desafiado los estándares convencionales.
A través de esta serie fotográfica, Jessie y Pablo han logrado reivindicar la diversidad de cuerpos, edades y expresiones de belleza, demostrando que la autenticidad y la confianza en uno mismo son los verdaderos catalizadores del atractivo.
Esperamos con ansias futuras colaboraciones de este talentoso dúo, cuya magia creativa nos muestra que no hay límites en el mundo del arte. Su trabajo es un ejemplo de cómo el talento y una nueva visión pueden dar lugar a obras que tocan el alma de quienes las contemplan.




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