Por Ashly Medina (Ashly, la novelera de Cuba)
En la trama de la telenovela cubana Ojo de agua, uno de los hilos narrativos que más tensión genera entre los televidentes es el que protagoniza Roelmis, un joven artista rural que no logra ver más allá de su música tradicional. Bajo los efectos del alcohol y en medio de la desesperación por recuperar su canguro extraviado (con el celular, sus documentos, tarjetas bancarias y todo su dinero), decide abrir las puertas de su hogar a un desconocido, ofreciéndole alojamiento a cambio de ayuda. Este gesto, aparentemente impulsado por la urgencia, se convierte en un símbolo de la fragilidad humana cuando la necesidad nubla el juicio y la confianza se deposita en alguien que no sabes si sabrá corresponder.
El hecho en cuestión no se reduce a un simple error personal: Roelmis no vive solo; en su casa lo acompañan su esposa Roxy, su hija menor Lisy y su prima Lita. Al invitar a un extraño a compartir el espacio íntimo de la familia, compromete la seguridad emocional y física de quienes dependen de él.
La telenovela nos recuerda que el hogar es un refugio sagrado, un espacio donde la confianza debe ser cuidadosamente administrada, pues abrirlo sin discernimiento puede transformar la cotidianidad en amenaza.
El dilema en lo adelante será: ¿qué pretende exactamente ese desconocido al convivir con esta familia? ¿Hasta qué punto este hombre podría traicionar la confianza que le ha dado Roelmis?
Desde la llegada de Horacio a esa casa, los televidentes vivimos en sobresalto, pues la confianza mal colocada puede convertirse en un arma de doble filo.
Como espectadores, sentimos la tensión de Roxy, la vulnerabilidad de Lisy y la incertidumbre de Lita, y como ellos vemos cómo la decisión de Roelmis altera la armonía familiar y expone sus vidas a un riesgo innecesario.
Más allá de los problemas que Horacio ha resuelto en la casa, gracias a que el músico es un inútil y a la ficción detrás del guion de una telenovela, la historia nos invita a reflexionar sobre la importancia de proteger nuestros espacios íntimos y reconocer que no toda ayuda viene acompañada de buenas intenciones. La telenovela nos advierte que la desesperación puede ser un terreno fértil para el engaño y que la verdadera fortaleza está en mantener la prudencia incluso en los momentos más oscuros.
En definitiva, Ojo de agua nos recuerda que la confianza es un tesoro que no debe entregarse a la ligera. En ella puede estar la salvación, pero también el peligro. Y en la casa de Roelmis, donde conviven amor, inocencia y complicidad familiar, esa lección se convierte en un llamado profundo a la responsabilidad y al cuidado de quienes más queremos.
La incertidumbre de lo que está por venir nos tiene atrapados a todos. Esperemos a ver si hemos estado preocupados en vano y juzgado a la ligera a un personaje misterioso, o si realmente hemos identificado a un estafador de marca mayor.
Nota sobre Ashly Medina:
Liribet Reyes Rivero, graduada en Derecho por la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas y novelera por excelencia. Con su sólida formación académica y su pasión por las telenovelas, Ashly se une a nuestro equipo en CubaActores para ofrecer sus comentarios y análisis sobre la telenovela cubana.




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