El cine cubano y la “Línea Roja” de la realidad
El cine cubano y la “Línea Roja” de la realidad

El cine cubano y la “Línea Roja” de la realidad

Por Brenda González Betancourt

Si algo atrapa a un espectador frente a la proyección de una película es el basamento real de la misma. La cinematografía cubana tiene mucho de la vida de las personas en la Isla, de la idiosincrasia, a veces mal vista, otras orgullosamente reconocida.

Desde filmes icónicos como “Memorias del subdesarrollo” de Tomás Gutiérrez Alea, el panorama social se ha visto reflejado en pantalla y más de uno ha dicho para sus adentros, “ese personaje podría ser yo”, “tengo muchos puntos en común con ese papel” o “así, tal cual, es la realidad de los cubanos de a pie”.

En el 2016 el director Alejandro Gil estrenaba la cinta “Línea Roja”, una película que narra la historia de Roldán, un joven que cursa el preuniversitario y lleva a la par una vida como deportista, pero su tranquilidad se ve afectada por el acoso de un compañero, Julio, cuando “la muchacha más linda del pre” decide iniciar una relación con el primero.

Con guion de Amílcar Salatti, en 83 minutos logran exponer conflictos tan cotidianos que, en ocasiones, se omiten y separan del arte por lo crudos que pueden llegar a ser. En esa eliminación casi absoluta de filtro llega el éxito del cine. Las actuaciones son de Amaury Millán, Reymundo Miranda, Yailene Sierra, Manuel Oña, Nancy González, Amelia Fernández, Héctor Hechemendía, Ray Cruz, Erdwin Fernández, entre otros.

El elenco respalda el resultado por la profesionalidad y talento. El pasado fin de semana el Yara proyectó en su sala “Línea Roja”, con un final abierto que deja la oportunidad de la imaginación y creación independientes de quien disfrute de ella.

La sociedad que empuja a la violencia

El tema de la violencia y la respuesta agresiva a conflictos como el acoso en la adolescencia constituye uno de los más abordados durante todo el filme. Unido a la presencia de clases sociales que a veces se intentan maquillar con igualdad, vemos a un Julio que pertenece a un barrio marginal, que asume una conducta inapropiada ante cualquier evento para lograr sus propósitos, y en el caso de no obtener la recompensa merecida, aumenta su ira sin frenos.

En contraste, el personaje de Roldán marca esa porción casi diminuta que intenta salvar la teoría de que la comunicación resulta el mejor camino, o como diría su abuelo en “Línea Roja”, si la sociedad se rige “ojo por ojo”, todos acabaremos ciegos.

También, se percibe de forma clara la violencia en la pareja, donde el hombre agrede en un estado de embriaguez y la mujer soporta por los años de matrimonio y la permanencia de la familia unida.

La típica frase “cuando comenzamos la relación él no era así” apoya la construcción social en la que han vivido muchos de los padres de las generaciones de cubanos de hoy. Donde hay una figura joven (el hijo), que quiere romper el esquema apuntando hacia un pensamiento futurista, pero que no lo logra.

El machismo, como película cubana al fin, no podía obviarse. En más de una escena representa el detonante de impactantes planos. Hombre que no sabe defenderse ante provocaciones no es digno de tener una mujer a su lado, ni de pertenecer y ser reconocido por su familia, es un cobarde, y todas esas percepciones que el cubano ha hecho suyas por siglos, porque los ideales sociales pusieron la varilla a ese nivel.

Durante la hora y un poco más de duración existen tres momentos claves de violencia, uno al inicio, otro en medio, y por último las escenas finales que dejan el camino abierto a las consecuencias funestas.

El apoyo/apego emocional y su rol en los derroteros personales

Cuando los padres, inmersos en lo cotidiano de la vida, no tiene espacio para conversar con sus hijos y destinan poco tiempo a ello, y cuando lo hacen aparecen críticas y rupturas en el discurso, son los abuelos quienes abren sus brazos de acogida.

La película de Alejandro Gil muestra, con una excelente fotografía, cuánto influye el apoyo emocional en los momentos de crisis, por encima de condiciones materiales y adquisitivas. La cuestión parece un cliché, pero no deja de ser real y actual.

Destaca la ausencia de la figura paterna y la alternativa de que esta se asuma por parte de otro miembro de la familia y de la propia madre como un causante de problemas conductuales, porque carecen de un referente o cuando el que tenían se desmorona, cae del pedestal y todo cambia. Las condiciones de vida en el seno familiar calan en la construcción de la personalidad de los individuos, sobre todo en edades adolescentes donde se están descubriendo a sí mismos.

En el filme subyacen otros temas de la realidad como las relaciones amorosas en la adolescencia, la soledad en la tercera edad, y la discriminación autoinfringida por discapacidad. Aunque han pasado ocho años desde la fecha de estreno de “Línea Roja”, el contexto social resulta el mismo, incluso, hay quienes declaran que el actual está todavía peor.

Brenda González Betancourt, graduada de Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Matanzas y apasionada de la cultura. Ha colaborado con otros medios vinculados al arte y sus manifestaciones.


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