Desde que se dio a conocer la relación entre Paloma (Ary Fonseca), Eduardo (George Abreu) y Javier (Alberto Corona) en la novela Sábados de Gloria, el tema ha generado una oleada de reacciones en redes sociales. Se trata de una representación poco frecuente en la ficción televisiva nacional: una relación poliamorosa sostenida entre tres personajes adultos que conviven bajo acuerdos emocionales consensuados.
Sobre el tema, Ary Fonseca publicó recientemente en sus redes sociales una reflexión en la que aborda la polémica. Lo hizo con claridad y sin rodeos, como respuesta directa a las críticas que han circulado sobre esta parte de la historia. En su texto, detalla que desde un inicio comprendió el carácter particular del personaje y asumió el reto de diferenciarla de Roxana, el rol que encarnó en la anterior novela Renacer.
“Mis colegas y yo asumimos estos personajes con todo el respeto a este público al que nos debemos; siendo conscientes de que sería un tanto polémico, porque cada cual tiene opinión personal de cómo ver la vida, cómo vivirla, y tal vez algunos no aprobarían el tema del poliamor (como está siendo el caso)”, expresó Ary.
La actriz subraya que el equipo de trabajo fue consciente del tipo de historia que estaban contando y decidió abordarla con cuidado. Describe la relación como un acuerdo entre adultos que ejercen su libertad desde la privacidad, sin intención de imponer modelos. “Juzgar a unos personajes, que fácilmente podrían ser vecinos, amistades que saludas diariamente, e incluso familiares (…) por elegir disfrutar al máximo su tiempo y lo que provee la sexualidad desde la privacidad de sus vidas” —afirma— carece de sentido en una sociedad diversa.
Parte del cuestionamiento recibido se ha enfocado en la posibilidad de que los niños vean la novela. Sobre esto, Ary responde que “es responsabilidad de los adultos darles una respuesta necesaria una vez que les permiten ver este espacio”. Además, insiste en que esta subtrama no contiene escenas ofensivas ni fue tratada con morbo. Según su testimonio, el enfoque de la realización fue “sutil, delicado, sin groserías, mostrando lo real y lo que sí ocurre entre adultos”.
El post de Ary no busca imponer su opinión; más bien, se limita a señalar que el vínculo mostrado en pantalla está basado en elementos que también existen fuera de ella: consentimiento, comunicación, respeto y confianza. Desde esa perspectiva, concluye que “Paloma, Eduardo y Javier no dejarán nunca de ser buenas personas, por tener esta relación, esta química y energía que los hizo encontrar su camino”.
En un entorno televisivo que rara vez se aventura más allá de los esquemas tradicionales de pareja, esta historia ha provocado un debate visible y activo. La respuesta de Ary Fonseca se integra a ese debate desde el lugar del oficio, la responsabilidad artística y la comprensión de que la ficción también dialoga con lo real.
Amar no es un delito. En cualquiera de sus formas, solo puede sostenerse si existe respeto, y ese respeto no puede ser sustituido ni por prejuicios ni por silencios impuestos. La representación de nuevos modelos afectivos en la pantalla no impone una agenda: propone una conversación pendiente.




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