Sian Chiong, entre la reinvención y la raíz
Sian Chiong, entre la reinvención y la raíz

Sian Chiong, entre la reinvención y la raíz

Por: Félix A. Correa Álvarez

Hay artistas que viven de la exposición y otros que aprenden a sobrevivir a ella. Sian Chiong pertenece a una generación que ha tenido que entender la fama en tiempo real, entre escenarios, cámaras y redes sociales que amplifican cada paso. Actor y músico, cubano de origen y con una carrera en expansión en México, ha asumido la reinvención no como estrategia de moda, sino como una necesidad de crecimiento.

«Un actor siempre debe reinventarse para ampliar su rango interpretativo. En lo personal, trato de seguir ese camino tanto en mi vida profesional como en la personal, buscando crecer, transformarme y no quedarme en una sola zona de confort», afirma. Para él, transformarse no es traicionarse, sino ampliar el rango, explorar nuevos registros y proteger, al mismo tiempo, su equilibrio emocional.

Foto tomada de las redes sociales de Sian Chiong.

Después de experiencias de alta visibilidad como La Casa de los Famosos México, Sian habla de la fama con madurez: reconoce que no siempre llega en las formas soñadas, pero entiende que, una vez en movimiento, toca sostenerse y seguir adelante.

¿Qué papel juegan hoy las redes sociales en tu carrera: herramienta, presión, vitrina obligatoria?
Las redes sociales son una parte importante de mi carrera, ya que funcionan en gran medida como carta de presentación para productores y directores. Por eso trato de mantener una variedad visual que muestre mi versatilidad y mi capacidad de transformación. Además, a través de ellas se concretan acuerdos con marcas importantes, muchas de las cuales admiro.

¿Hay proyectos que te hayas negado a hacer, aunque supieras que podrían darte más exposición?
Sí. He recibido ofertas de proyectos que decidí rechazar, principalmente por priorizar mi tranquilidad mental.

¿Cómo ha sido tu experiencia trabajando en el teatro mexicano?

Foto de la obra Clue. “El escenario te da unas tablas y una soltura que la cámara no siempre proporciona”.


Ha sido una meta cumplida. Desde que llegué a México siempre quise hacer teatro, ya que fue la especialidad que estudié en la escuela de actuación en Cuba. El año pasado tuve la oportunidad de participar en la obra de origen londinense Clue, en la comedia argentino-mexicana Soltero, casado, viudo y divorciado, y ahora estoy en una de las obras más populares de la cultura contemporánea, P. D. Tu gato ha muerto. Es algo que estoy disfrutando enormemente.

El teatro exige una disciplina distinta a la televisión y al cine. ¿Qué te ha dado el escenario que no te da la cámara?
El escenario te da unas tablas y una soltura que la cámara no siempre proporciona. Trabajar con público en vivo implica recibir y responder a su energía, lo cual influye mucho en nuestra interpretación. Además, no hay oportunidad de repetir, por lo que la capacidad de improvisación se desarrolla de manera muy sólida.

¿Algún proyecto para la televisión que nos puedas adelantar?
Por ahora no hay nada cerrado en televisión, pero estoy trabajando en un proyecto que será una serie y más adelante podrán conocer más detalles.

Pedro Pan aborda un episodio sensible de la historia cubana. ¿Qué significó para ti formar parte de ese proyecto?

Foto del rodaje de la película Pedro Pan. “Fue un honor participar en un proyecto que toca un tema tan sensible dentro de la cultura de mi tierra”.


Fue un honor participar en un proyecto que toca un tema tan sensible dentro de la cultura de mi tierra. Además, trabajar con actores a quienes admiro profundamente, como Andy García y Néstor Carbonell, fue una experiencia muy especial. Siempre que tengo la oportunidad de hacer cine o participar en proyectos relacionados con mi país, me siento muy feliz.

¿Hubo alguna escena que te removiera personalmente?
Sí, hubo una escena que me tocó el corazón. No porque haya vivido algo similar, sino porque escuché historias muy cercanas de personas que sí lo experimentaron. Tener que escoger entre la familia o “la Revolución” es algo muy duro de representar y de sentir.

¿Cómo dialoga esa película con tu propia historia y tu identidad?
Es un tema que no me tocó vivir directamente por una cuestión generacional. Sin embargo, la vibra que transmite la película en torno a la represión sí conecta con experiencias que me ha tocado vivir. Revivir esas sensaciones siempre me genera un vacío emocional muy grande.

La música siempre ha sido parte de tu identidad. ¿Cómo dialoga hoy con tu faceta de actor?
La música está un poco en pausa porque quiero enfocarme lo más posible en la actuación. Sin embargo, estoy seguro de que más adelante vendrán nuevos proyectos musicales que le van a gustar mucho al público.

¿Te veremos próximamente con un álbum, sencillos o colaboraciones?
Espero que sí, pero por ahora no hay nada cerrado.

Si pudieras hablar con el Sian que soñaba con triunfar fuera de Cuba, ¿qué le dirías hoy sobre la fama, el sacrificio y la reinvención?

Foto tomada de las redes sociales de Sian Chiong.


Le diría que tenga fe y paciencia, que todo se va a lograr si no deja de creer en sí mismo. Y, sobre todo, que nunca se traicione por nada ni por nadie.

¿Estás en el momento que imaginaste o en uno completamente distinto?
Sinceramente, todavía no siento que esté en el momento que siempre soñé. Sin embargo, sí tengo la certeza de que estoy en el camino correcto para lograrlo.

Foto tomada de las redes sociales de Sian Chiong.

Quizás ahí radique la mayor honestidad de esta conversación: en reconocer que el éxito no siempre coincide con el sueño exacto que se tuvo a los veinte años, pero sí puede parecerse al camino que uno decidió recorrer sin traicionarse. Sian Chiong no habla desde la euforia, sino desde la construcción paciente. Desde el escenario que lo obliga a no fallar, desde la cámara que lo desafía a matizar, desde una historia personal que lo atraviesa aunque cambien los contextos.

No está —dice— en la cima imaginada, pero sí en la ruta correcta. Y a veces eso es más importante que cualquier titular. Porque en un medio feroz, donde la exposición puede devorar identidades, su apuesta sigue siendo la misma: fe, disciplina y coherencia. Reinventarse, sí; perderse, nunca.


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