Rolando Díaz ha dado la noticia con la misma franqueza con la que ha contado sus historias en el cine: Adiós Cuba, su última película, se estrenará en abril en los Estados Unidos. Y con ella, el director cubano también se despide del cine.
«Fueron exactamente 19 meses de trabajo constante. ¡Pero lo logramos!», escribió en sus redes sociales.
Su película no es un documental, aunque en algún momento lo fue. Las historias de quienes se van, el éxodo contado desde voces dispersas por el mundo, terminaron convirtiéndose en un relato de ficción. Yuliet Cruz, Frank Moreno, Betiza Bismark y Grisell Monzón interpretan a cubanos que reconstruyen fragmentos de memoria en una nave industrial de Valencia, un escenario improvisado que se convierte en refugio y en trinchera.






Caridad, la protagonista, es una directora de teatro que se empeña en montar una obra sobre la emigración. Busca testimonios, los escucha y los traduce a la escena. Lo hace junto a Lázaro, Regla y Fátima, personajes que, como los actores que los interpretan, también han tenido que rehacer sus vidas lejos de la isla. Entre el dolor y la comedia, la película muestra que incluso en los momentos más duros hay espacio para la risa.
Rolando Díaz, que ha contado historias de cubanos dentro y fuera de la isla durante décadas, vuelve a un tema que lo persigue. «Mi regreso al tema cubano es desde ese desgarramiento», dice. Adiós Cuba no es un panfleto político, sino una pregunta abierta: ¿qué pasa cuando irse se convierte en la única opción?
El director se despide del cine con esta película, pero no de la lucha por mostrarla. Dice que dedicará sus fuerzas a llevarla a cada rincón donde haya un cubano. Su adiós es también el de las salas de su infancia en Luyanó, aquellas que ya no existen, pero que siguen proyectando recuerdos en su memoria.




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