Por Brenda González Betancourt
Con fecha de estreno en el 2016, dirección de Fernando Pérez y una duración de cerca de una hora y media, “Últimos días en La Habana” resulta de los filmes de la cinematografía cubana que muestra sin filtros una realidad a veces omitida o maquillada. En Cuba Actores recordamos esta película y algunos de los pasajes y características de los personajes a modo de reanimación o exhortación por si aún no ve esta cinta.

Diego, interpretado de forma magistral por el actor Jorge Martínez, es un homosexual encamado y enfermo de VIH SIDA, dato que no se revela hasta pasada la media hora de reproducción. Su familia no cuida de él y solo van a verlo para asegurar algún tipo de herencia si llegara a fallecer. Solo en su habitación recuerda sus buenos tiempos y se mantiene al tanto de lo que acontece en la vida de los vecinos.
Su madre murió hace años y antes tuvo que soportar que los suyos le dieran la espalda por tener un hijo gay. Diego cuenta con el apoyo de Miguel, con la actuación de Patricio Wood, un hombre que se dedica a fregar platos en La Habana, de carácter mustio, triste, apenas se le ve sonreír durante el tiempo que demora el filme.
Sin embargo, fue el único en creer en su amigo cuando nadie más lo hacía y ahora vive con él y cuida de su salud. Miguel tiene un constante pensamiento, irse a vivir a los Estados Unidos. A diario estudia inglés en las noches y mira un mapa del país norteamericano que tiene junto a la mesa.
Yusi (Yusisleydis), a quien le da vida Gabriela Ramos, es una adolescente, sobrina de Diego, que cursa la Secundaria Básica, pero que deja la escuela, no le gusta, prefiere vivir con su novio Damián con quien espera su primer hijo. Muy sincera, a veces en demasía, siente gran cariño por su tío, le ve como apoyo y lo acompaña y defiende.
Estos personajes se complementan con otros como la señora Fefa, una anciana practicante de la religión yoruba que es muy allegada a ellos; P4, un muchacho que ejerce la prostitución para intentar cambiar su vida; Miriam, una mujer a la que su marido engaña y que canta y trajina, trajina y canta, entre otras apariciones.
La enfermedad ataca de forma más agresiva a Diego, quien va perdiendo las fuerzas para seguir. Un día de lluvia, coincidentemente con la llegada de la citación para la entrevista en la embajada de Miguel, decide que los “últimos días en La Habana” para ambos serían esos. Mientras el filme comienza a inicios de octubre, el 19 de diciembre a las 8 de la mañana Diego había muerto.
En la película se utilizan palabras altisonantes, malas palabras en el argot popular del cubano, un reflejo de una parte de la sociedad cada vez más común en las calles, y que le impregnan un toque de realidad a la cinta. En los inicios se lee un cartel que da nombre a una tienda “La Lucha”, una típica palabra para describir el esfuerzo de los cubanos de salir adelante.
Los minutos finales parecieran una conversación de Yusi con el público, donde resume lo que ha pasado en la vida de los personajes y en la suya. Su pareja se fue del país y le manda dinero para sus tres hijos. Sin embargo, dos frases ponen a reflexionar al espectador: “A mí lo que verdaderamente me da miedo es que el mundo siga como está” y “Ya no trato de decir la verdad como antes, para qué, si la gente no entiende. Me adapté y así vivo más tranquila”.
Brenda González Betancourt, graduada de Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Matanzas y apasionada de la cultura. Ha colaborado con otros medios vinculados al arte y sus manifestaciones.




Compártenos tu opinión sobre esta publicación