La sección de minientrevistas en redes sociales de CubaActores, ideada en su momento por Félix A. Correa, vuelve a escena. En esta ocasión, Katia Caso responde a una de esas preguntas que más de una vez se les ha formulado a los actores: ¿podrías elegir entre actuar en teatro, televisión o cine?
“No podría elegir, los tres me gustan, pero sí puedo ponerle un orden”, responde. Para Caso, el cine va en primer lugar. Luego, el teatro y la televisión ocupan un mismo nivel. No se trata de una preferencia excluyente, sino de una forma de clasificar experiencias que le resultan necesarias. “Lo único que no he hecho es radio, no he tenido la oportunidad”, añade. Aun así, lo que tiene claro es que cualquier medio que implique actuar es suficiente motivo para seguir.
Con una respuesta que escapa de las fórmulas automáticas, Caso señala que lo importante es mantener la sinceridad interpretativa. No importa si se está frente a una cámara o ante un público: “En ninguna de las tres se puede mentir. Uno siempre tiene que hacer una actuación sincera, sentida, desgarrarte la piel en lo que estés haciendo, impregnarle verdad escénica, que a los personajes no se le vean las costuras, es como un vestido”.
El cine, afirma, exige una precisión que se aproxima a lo quirúrgico. La pantalla amplifica cada movimiento, cada gesto, cada línea pronunciada: “Tiene que ser un trabajo de detalle milimétrico, porque la pantalla te hace crecer el doble de tu rostro”. Es ese nivel de exposición lo que, en su criterio, le añade rigor al medio.
La televisión, por otra parte, funciona en términos de velocidad. “Puedes tener 20 escenas en un día y tienes que agarrar las cosas más rápido”, explica. El ritmo impone una lógica distinta, una forma de adaptarse sin perder el sentido del personaje.
El teatro, en cambio, propone un tiempo que otras plataformas no pueden ofrecer. Se ensaya, se repite, se ajusta. “Generalmente ensayas dos o tres meses y ya cuando vas a estrenar tienes el personaje más maduro, agarrado, seguro”.
Katia Caso no elige, pero traza una cartografía de medios que la han formado. En sus palabras, no hay nostalgia ni impostación. Solo una mirada limpia sobre el oficio.




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