Cuando hablamos del cine cubano, la imagen de Renny Arozarena salta a nuestra mente, quizá por su magistral actuación como uno de los iconos de la cultura cubana, Benny Moré. Aunque esta interpretación le valió el reconocimiento del público y la crítica, Renny no destaca únicamente por su trabajo actoral. Su pasión por el arte lo convierte en un creador comprometido con la tarea de promover la riqueza cultural cubana más allá de la actuación.
Para adentrarnos más en sus proyectos y explorar la multifacética trayectoria de este artista, decidimos acercarnos a Renny Arozarena y conocer de primera mano sus perspectivas y experiencias.
Tu interpretación de Benny Moré ha sido decisiva en tu carrera y ha quedado en la memoria del público. ¿Cómo influye este tipo de reconocimiento en tu enfoque hacia nuevos proyectos? ¿Experimentaste alguna presión adicional al seleccionar roles posteriores?
El reconocimiento por mi interpretación de Benny Moré es importante y ha marcado mi carrera, siendo reconocido internacionalmente. Estoy muy agradecido de todos los premios y reconocimientos que me ha dado este personaje, que además admiro y creo que es una figura fundamental en la cultura cubana, y fue un hombre excepcional. Que el público me identifique y reconozca mi trabajo ha sido sin duda el mejor premio para mí.
Esto, por supuesto, establece una vara alta para los desafíos futuros, exigiendo que sean de una magnitud significativa. La preparación para interpretar a Benny Moré fue mi gran universidad como actor, lo cual me ha preparado para abordar proyectos de mayor envergadura. Siempre agradezco a todas las personas que me acompañaron en ese proyecto bajo la batuta de Jorge Luis Sánchez.

Considero que aprendí mucho en este proceso, y una de las cosas más importantes fue todo el trabajo y estudio del equipo ante una producción de esta magnitud. En este sentido, creo que las creaciones deben tener una profundidad a nivel de estudio, y lo tengo en cuenta a la hora de seleccionar hacia qué camino me voy a enfocar.
En realidad, no experimenté presión adicional al seleccionar roles posteriores, más allá de la actitud profesional y el reto de llevar cada personaje a su máxima expresión. Cada personaje que asumo lo disfruto con la misma pasión y estudio, aplicando el mismo proceso de acercamiento y dedicación que con Benny Moré.
Aunque muchos dicen que El Benny fue mi gran personaje, yo creo que el gran personaje siempre está por venir. Respeto y le pongo la misma pasión a todos los roles que he interpretado; fue mi gran escuela, eso sí, pero el gran personaje siempre será el próximo. Como decía Stanislavski, no hay personajes pequeños, sino pequeñas actuaciones.
¿Cuáles crees que son los aspectos positivos y negativos para un actor que ha logrado una interpretación tan impactante que la audiencia tiene dificultades para separarlo del personaje?
Creo que la balanza siempre tiende a inclinarse hacia lo positivo. Para mí, el reconocimiento de mi pueblo constituye un gran premio y la recompensa más valiosa que un artista puede recibir. En la calle, la gente me saluda, me reconoce y me felicita por la película; una experiencia sumamente gratificante. Honestamente, me resulta difícil encontrar las palabras para describir el inmenso orgullo que siento.
Los aspectos positivos, como el cariño del público, adquieren siempre una relevancia mayor que los negativos. Aunque la gente me recuerde principalmente por el personaje de Benny Moré, no lo considero en absoluto un aspecto negativo. Incluso muchos amigos me llaman Benny, y lo percibo como un reconocimiento a mi trabajo. Aunque asuma otros roles, sé que la gente siempre me asociará con el personaje que llegó al corazón, y eso es algo que aprecio profundamente.
En cuanto a los aspectos negativos, podría mencionar el desafío que representa la fuerte asociación del público entre el actor y un personaje en particular. Sin embargo, también veo esto como una oportunidad para demostrar mi versatilidad y mis habilidades interpretativas en nuevos proyectos. En última instancia, considero que la conexión con el público y el reconocimiento son aspectos enriquecedores de mi carrera, y siempre estoy agradecido por cada experiencia.
Además de tu desempeño en la actuación y dirección, has sido un promotor de la cultura cubana. ¿Cómo integras esta faceta en tu vida y en tus proyectos artísticos?
Creo que todo artista que siente un verdadero amor y pasión por su trabajo también colabora y se convierte en un protagonista de la obra social. En mi caso, al realizar talleres de actuación y transmitir mis conocimientos y experiencias, estoy aportando a la sociedad y a las nuevas generaciones. Siempre debemos pensar en nuestros orígenes y en los recursos que, como artistas, podemos brindar a los jóvenes que aspiran a desarrollarse en esta profesión. Es por ello que creé mi taller «Infinito» de actuación, el cual ha contribuido a formar profesionales y, a nivel comunitario, ha influido en el desarrollo cultural.
Considero que la cultura cubana es muy rica, y promoverla es esencial. Mi trabajo en este sentido se ha centrado en ofrecer oportunidades a quienes desean aprender. Mi aporte es un granito de arena para mantener viva nuestra rica cultura y respetar nuestra historia y patrimonio cultural. Mi permanencia en Cuba está ligada a mi respeto por nuestra idiosincrasia, nuestras costumbres y nuestra proyección. Soy un amante del cine, del teatro y de la historia de nuestro país, y cuando estos elementos se plasman en alguno de estos medios, son muy bien recibidos por el público.
Es por ello que me he dedicado a cultivar y crear espacios para que las personas participen, independientemente de su edad, en el mundo de las artes escénicas. Mi curso «Infinito» acoge a personas de todas las edades, permitiéndoles enamorarse y descubrir las artes escénicas, ya que la actuación no establece patrones estéticos. Igualmente, confío mucho en las nuevas generaciones y en educar correctamente a los jóvenes para que sepan defender y promover nuestra cultura, tal como lo hemos hecho nosotros.
¿Cómo influye tu experiencia como actor en tus decisiones como director? ¿Existen desafíos o ventajas al dirigir cuando también has tenido experiencia frente a la cámara?
Considero que mi influencia como actor es crucial porque entiendo a la perfección lo que implica interpretar un personaje. En ocasiones, los directores que no han tenido experiencia como actores pueden crear personajes desde una perspectiva a veces irreal o poco creíble. Esto puede generar debates entre el actor y el director, ya que el actor conoce los límites y sentimientos precisos del personaje, dado que vive y se sumerge en su piel.
En mi caso, al desempeñar roles tanto de actor como de director, guío mientras actúo, lo que me permite ser preciso al exigir o solicitar lo que busco. La ventaja de ser actor radica que se facilita la comunicación con los demás actores. Creo que de esta manera respeto y construyo junto a ellos los personajes, creando un ambiente enriquecedor. Sin duda, considero que el resultado siempre será muy interesante, como se evidencia en ejemplos como Roly Peña, Rolando Chiong y muchos otros cuyas obras destacan por su «personalidad».
Aunque enfrento desafíos, la experiencia frente a la cámara me permite comprender lo que esta busca. La relación entre la cámara y el actor es crucial, y en ocasiones, la cámara se convierte en otro personaje. Valoro enormemente la conexión lograda, por ejemplo, en las novelas brasileñas, donde la cámara se sitúa estratégicamente, permitiendo que el espectador se involucre más con el personaje. Aunque en Cuba se han realizado obras de calidad, creo que hay oportunidad para mejorar la relación entre la cámara y el personaje, enriqueciendo así las producciones audiovisuales.




¿En qué medio te sientes más cómodo actuando y en cuál dirigiendo? ¿Por qué?
Me gusta mucho el cine, siento que es más completo y permite un estudio más profundo del personaje, tienes más tiempo de jugar con él, de entenderlo… y brinda la posibilidad de indagar, estudiar, pero el cine ofrece más tiempo para proyectar y la magia de la pantalla grande es única. Sin embargo, el teatro es preciso, es la cuna de un actor, sin el teatro no hay nada y es importante siempre recordarlo.
Hice mucho teatro desde los ocho años, siendo mi base. Sin el teatro, no hubiera podido hacer nada. Luego debuté en cine con la película «Entre Ciclones» bajo la dirección de Enrique Colina y junto a actores estelares como Mario Balmaseda, Mijail Mulkay, fue un salto inolvidable. El cine es el sueño de todo actor. Después vinieron otras películas Kangamba, El Benny, pero mi formación en el teatro sin dudas fue crucial para toda mi trayectoria.
En cuanto a la dirección, he dirigido teatro y tengo inquietudes en el mundo del audiovisual. Aunque no he dirigido cine o televisión directamente, he sido director asistente y tengo proyectos como director para audiovisuales.
La dirección, desde cualquier enfoque, es enriquecedora; es también de cierto modo pasión hacia los personajes, hacia las historias, y cada medio es una escuela que contribuye al aprendizaje y desarrollo artístico.
¿Cómo ha sido esa transición y qué aspectos encuentras más interesantes al dirigir?
La dirección siempre me atrajo desde temprana edad. Mi inclinación por la actuación se complementó con la pasión por expresar mis puntos de vista, manifestar mis ideas. Desde pequeño, cuando mi hermana Bárbara Armenteros me llevaba a los ensayos en el grupo de aficionados “Olga Alonso” me llamó mucho la atención la forma de dirigir del maestro Humberto Rodríguez, luego estuve en otros grupos como Hermanos Ruiz Aboy, dirigido por Julio González y luego con Tito Junco, mi gran maestro y amigo en “Arte Popular”, entonces creo que ha sido paralela mi pasión por actuar y dirigir. También esa inquietud de manifestar mis ideas también me ha llevado a escribir.
Y es que incluso antes, de muy pequeño, creé junto a algunos amigos un grupo de Break-Dance, el cual dirigía, así que de cierta manera siempre ha estado allí. La dirección es otro personaje que llega al público a través de los actores y consolida constantemente mis conocimientos. En esta especialidad creo que la retroalimentación es fundamental, en los cursos y talleres de actuación que imparto siento que me estoy consolidando. Esta transición es una dimensión actoral diferente, una forma de seguir superándome.
Como director, ¿cómo defines tu estilo? ¿Cuáles son los elementos que consideras esenciales en tu proceso creativo?
Como director, me guío principalmente por el método de Stanislavski, un actor y director ruso, creador de este estilo de actuación, conocido internacionalmente y ampliamente respetado en las escuelas de actuación.
Me considero un actor stanislavskiano, me he preparado mucho y conozco toda su obra. Mi estilo es universal y fácil de asimilar, permitiéndome llegar a los actores y enseñarles la técnica de manera efectiva. Este método ha sido utilizado por grandes figuras internacionales como Robert Redford, Robert De Niro, Al Pacino y Marlon Brando (y todos los actores que han estudiado en la conocida academia Actor Studio). Este método nos da la oportunidad de jugar “en serio”, precisamente como dijo Stanislavski.
¿Hay algún proyecto en particular que haya representado un desafío?
Un proyecto al que le tengo un cariño especial es «Kinescopio Rapsody», el cual concebí y representa un desafío significativo. Este proyecto es un viaje al pasado a través de la música, como dice su slogan, es volver sobre décadas atrás a un cabaret de los años treinta o cuarenta visto a través de kinescopio en blanco y negro, y en ese “lapso de tiempo” revivir a esas figuras inmensas de la cultura cubana como Benny Moré, Rosa Fornés, Bola de Nieve, Las Hermanas Lago, y otros tantos.
La preparación y caracterización de los actores para interpretar a estos grandes de la cultura cubana ha sido un reto importante, pero también una experiencia enriquecedora. «Kinescopio Rapsody» es un sueño hecho realidad que busca revivir y preservar figuras icónicas de la cultura cubana para las nuevas generaciones.
Este proyecto ha representado un desafío integral, desde la preparación de los actores hasta la combinación de disciplinas, la proyección y la inclusión de elementos del performance. Es extremadamente ambicioso, pero considero que abarca todos los aspectos que han definido mi labor, tanto como actor, director, y defensor de la cultura.






¿Cuáles son tus proyectos actuales? ¿Puedes contarnos un poco sobre ellos?
Actualmente tengo varios. Estoy en una fase empresarial, preparándome para tener mi propio proyecto artístico e independiente, y crear mi academia para formar nuevos artistas. De cierta manera sería concretar lo que vengo haciendo hace ya muchos años. Tengo proyectos como «Kinescopio» y otros que aún no quisiera revelar pero que son muy interesantes, solo diré que algunos de ellos pueden aportar mucho a la cultura y al ser humano en general. Estoy seguro de que gustarán mucho.
¿Volveremos a verte frente a las cámaras?
Hay numerosos proyectos en marcha, incluyendo producciones audiovisuales, por lo que sí, estaré nuevamente frente a las cámaras.
En ocasiones, la realidad no siempre se alinea con nuestras expectativas, y, por supuesto, en muchas ocasiones, la participación de los actores no está bajo nuestro control. A menudo, me preguntan: «¿Por qué no te veo en una novela?». La repetición del elenco en las novelas cubanas es un fenómeno que el público lamenta, y aunque hay muchos actores talentosos, este patrón impide que otros puedan tener la oportunidad de aparecer.
La selección de actores para las novelas sigue siendo un código que desconozco, pero espero que algún director me convoque y me brinde la confianza para interpretar un personaje en una novela. Yo aún no he participado en ninguna, he trabajado en series como «Rompiendo el silencio», «Lucha contra Bandidos», y «Tras la huella», pero sé que el momento para participar en una novela llegará.
Es importante destacar que, a veces, un seriado termina y otro comienza manteniendo a los mismos actores. La rotación de actores en estos espacios es fundamental, ya que aporta diferencia y dinamismo a las producciones.
Asimismo, considero esencial resaltar la falta de protagonismo de actores negros tanto en la pequeña como en la gran pantalla. Este es un tema que siempre intento abordar debido a su gran importancia y la necesidad de resolverlo. Espero que cambie en el futuro para reflejar la multirracialidad de nuestro país. En este sentido, muchas personas no se ven reflejadas en las historias, y es necesario visibilizar estos problemas y cambiar el enfoque que se ha tenido hasta el momento.
Siempre que tengo la oportunidad, aprovecho para decirlo, ya que es algo que mi maestro Tito Junco defendió, al igual que muchos otros que siempre han abogado por la multirracialidad en nuestros medios. Es fundamental que todos los integrantes de nuestra sociedad se sepan con oportunidades, parafraseando a José Martí: «Tengamos fe y creamos en el mejoramiento humano».
Como artista, ¿cuál consideras que ha sido la lección más importante que has aprendido hasta ahora en tu carrera y vida pública?
Existe una delicada frontera entre el artista y el ser humano que habita en su interior. Estamos en un mundo en el que diversas culturas y conceptos humanos le confieren originalidad y belleza, pero también hay una cara cruel e injusta. Lamentablemente, he experimentado de cerca la mentira, la frustración, la envidia y el odio. Hablar de los demás sin conocerlos, opinar sin fundamentos y ser víctima de calumnias son experiencias difíciles, pero valiosas lecciones de vida.
Estas vivencias han tenido un gran impacto en la formación de mi carácter, convirtiéndome en un ser humano más fuerte y reflexivo. Siempre agradezco a mis amigos, mi pueblo, mis hijos, mi familia y mi profesión, son verdaderas bendiciones por las cuales doy gracias a Dios. Creo que cada experiencia es una oportunidad de aprendizaje, de hacernos mejores. Yo sigo enfocado en la creación artística, que es mi vida, mirando siempre hacia el futuro.




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