Memorias del Subdesarrollo o la advertencia que venía en letra pequeña
Memorias del Subdesarrollo o la advertencia que venía en letra pequeña

Memorias del Subdesarrollo o la advertencia que venía en letra pequeña

En 1965, Edmundo Desnoes publicó una novela sobre un burgués que decide quedarse en La Habana después del triunfo de la revolución mientras su familia se marcha a Miami, y ese hombre se pasa las páginas mirando por el balcón de su apartamento sin hacer otra cosa que observar cómo la ciudad y el país cambian debajo de él, anotando en su cabeza lo que ve pero sin intervenir nunca, convertido en el espectador perfecto de una Historia que ocurre sin pedirle permiso y que él contempla con una mezcla de superioridad intelectual y parálisis absoluta. El subdesarrollo, dice el protagonista, «es fundamentalmente una incapacidad de acumular experiencias». Tres años después, Tomás Gutiérrez Alea llevó esa historia al cine y el ICAIC acababa de financiar sin saberlo el mejor diagnóstico del sistema que lo sostenía.

Lo que Desnoes escribió y Titón filmó era el retrato del mecanismo completo, el manual de instrucciones de cómo convertir la acción política en teatro para consumo pasivo. Sergio mira desde su telescopio, anota, juzga, se siente superior a todos porque él sí entiende lo que está pasando, pero esa comprensión no lo lleva a ninguna parte y esa es justamente la trampa. El libro llama a eso subdesarrollo y lo que está describiendo es la producción sistémica de parálisis, la técnica de convertir conocimiento en inacción, la maquinaria que transforma el pensamiento crítico en contemplación estéril, el proceso mediante el cual entender se vuelve un sustituto de actuar y la lucidez termina siendo la coartada perfecta para quedarse quieto.

El filme mezcla a Sergio con imágenes de archivo de manifestaciones, mítines, discursos televisados, actos políticos, hasta que la frontera entre la ficción y la realidad documental desaparece por completo y todo se vuelve parte del mismo paisaje indistinguible. El protagonista observando, la multitud marchando, las consignas repitiéndose, y en medio de todo eso la pregunta que Titón hace sin necesidad de formularla en voz alta.

Hay una escena donde Sergio asiste a una mesa redonda de intelectuales discutiendo sobre la revolución y la cultura, y los mira desde su butaca mientras piensa en uno de ellos «¿Y tú qué haces allá arriba con ese tabaco? Fuera de Cuba no serías nadie». Cuando tres años después Desnoes escribió el guion junto a Titón, decidieron que el propio autor apareciera en esa mesa redonda como uno de los intelectuales, de modo que en la pantalla se ve sentado entre los demás mientras la voz interior de Sergio repite las palabras que él mismo había escrito años antes. Un escritor colocándose a sí mismo en el lugar que su personaje destruye.

El New York Times nombró Memorias del Subdesarrollo entre las diez mejores películas de 1968, ese mismo año en que se estrenó. Décadas después, en 2012, el British Film Institute la eligió como la número 144 entre las mejores de todos los tiempos en su encuesta global entre críticos de cine. Para entonces Desnoes llevaba más de treinta años viviendo en Nueva York, habiendo tomado la salida de emergencia en 1979.

Se fue durante un viaje a la Bienal de Venecia donde lo había invitado el fotógrafo venezolano Paolo Gasparini, y desde Italia tomó la decisión de quedarse afuera para siempre después de haberse negado a asistir a la autoconfesión pública del escritor Heberto Padilla, ese montaje grotesco que el Partido Comunista organizó para exhibir cómo se quebraba a un intelectual delante de otros intelectuales que tenían que aplaudir o arriesgarse a ser los siguientes. Desnoes se instaló en Nueva York, dio clases, siguió escribiendo. En algún momento dijo sobre Memorias del Subdesarrollo y sobre Cuba lo que resume mejor que ningún ensayo lo que el libro había logrado capturar. «Por mi parte, pienso que cometo menos errores literarios en Memorias del Subdesarrollo que el Partido Comunista de Cuba ha cometido en la carne y fantasía de la isla». El balance final de un hombre que escribió sobre la parálisis y terminó eligiendo el movimiento.

Murió el 6 de diciembre de 2023 en Nueva York a los 93 años. Miguel Coyula, el cineasta que en 2010 adaptó al cine Memorias del Desarrollo, la secuela que Desnoes escribió sobre el exilio, dijo de él algo que cualquiera que haya leído el libro o visto el filme podría confirmar. «La línea entre su persona y su personaje más célebre siempre se mantuvo borrosa». Sergio y Desnoes, el observador y el observado, el escritor y el escrito.

El filme sobrevivió al Mariel, al Período Especial, al 11 de julio de 2021. En julio de 2024, el ministro de Economía cubano Joaquín Alonso Vázquez informó ante el parlamento que entre 2020 y 2024 la economía del país había registrado una caída acumulada del 11 por ciento. La Oficina Nacional de Estadística e Información confirmó que Cuba había perdido 1,4 millones de habitantes en ese mismo período, aunque el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos estima que la cifra real de población residente en la isla ronda los 8,6 millones de personas, casi tres millones menos que los 11,3 millones que había en 2020. El Sistema Eléctrico Nacional ha colapsado en repetidas ocasiones en los últimos años, dejando a millones de cubanos a oscuras. La incapacidad de acumular experiencias, versión 2026.

Cincuenta y ocho años después de su estreno, Memorias del Subdesarrollo sigue siendo el retrato más exacto de Cuba, el libro y el filme que entendieron el mecanismo antes de que terminara de perfeccionarse. Sergio en su balcón, el pueblo en las calles, los discursos en la televisión, las consignas en las paredes, todo lo que Desnoes describió en 1965 y Titón filmó en 1968 sigue ahí, intacto, repitiéndose.


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