El cine cubano pierde a uno de sus artesanos más persistentes y rigurosos. Livio Delgado Camacho, director de fotografía, falleció el pasado 28 de mayo en La Habana, a los 86 años. Su nombre aparece inscrito en algunas de las producciones más consistentes del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), al que se incorporó en 1961 como asistente de cámara.
En una época en la que el país reorganizaba su estructura cultural, Delgado encontró en el cine no solo un oficio, sino un espacio de construcción visual. Su primer crédito como director de fotografía llegó en 1973, y a partir de entonces se sumó a un repertorio fílmico que lo mantuvo activo durante más de cinco décadas. Obras como Cecilia, Un hombre de éxito y El siglo de las luces lo colocan entre los profesionales que lograron establecer un diálogo entre forma y contenido desde la imagen.
Su cámara acompañó a directores como Humberto Solás y Tomás Gutiérrez Alea, no como un traductor técnico, sino como un interlocutor estético. Delgado desarrolló un estilo que optaba por la densidad lumínica, los contrastes marcados y una composición que asumía tanto el peso simbólico de la escena como la exigencia narrativa.
El Premio Nacional de Cine, recibido en 2019, formalizó un reconocimiento que ya circulaba entre especialistas, colegas y alumnos. No fue un autor aislado ni un inventor de fórmulas. Su trabajo se sostuvo sobre una ética de taller y un conocimiento depurado del oficio.
En un contexto donde los recursos técnicos fluctuaban y las condiciones de producción se modificaban con frecuencia, Delgado mantuvo una práctica que evitaba el efectismo y privilegiaba la construcción de sentido desde el encuadre.
Al revisar su trayectoria, lo que se encuentra no es un gesto grandilocuente, sino una insistencia. Delgado fue parte de una generación que apostó por el cine como campo de intervención cultural y política. Su archivo visual acompaña la historia reciente del país sin hacerle concesiones.
Falleció en la ciudad donde filmó buena parte de su obra. Sus imágenes no se detienen: siguen siendo punto de partida para quienes aprenden a mirar.




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