Daisy Quintana nos cuenta todo sobre la familia Montenegro
Daisy Quintana nos cuenta todo sobre la familia Montenegro

Daisy Quintana nos cuenta todo sobre la familia Montenegro

A punto de llegar al final de Renacer, Daisy Quintana, quien da vida a Esmeralda, se detiene a recordar una de esas historias que, por lo general, solo se cuentan después de que las cámaras se apagan. La historia que nos comparte no tiene nada que ver con los giros dramáticos de la telenovela ni con los conflictos que desbordaban la familia Montenegro. No, esta vez hablamos de lo que sucedía cuando la orden era “¡Corten!” y el set se vaciaba de tensión. Porque, aunque en pantalla la familia vivía bajo un clima que más bien parecía el de un campo de batalla, fuera de las cámaras, lo que había era pura armonía. Y un par de chistes, por supuesto.

“Durante el rodaje de una novela siempre surgen situaciones simpáticas y tensas, pero considero que lo más anecdótico y llamativo fue la relación que existía entre los actores que conformábamos la familia Montenegro. A la hora de dar la acción, todo se volvía tenso entre los personajes porque era una familia disfuncional con situaciones muy complejas. Sin embargo, detrás de esa familia, los actores vivíamos un ambiente de amor y relajación», explica Daisy, casi como si estuviéramos hablando de dos mundos paralelos que, por alguna razón, se encontraron en el mismo set.

La actriz no pierde oportunidad para reconocer a Fernando Hechavarría, su compañero de trabajo y amigo, con quien tuvo la suerte de compartir más de un proyecto. “Un excelente actor y un gran ser humano”, dice, con una naturalidad que refleja no solo su aprecio, sino también una profunda complicidad. La actriz también recuerda con cariño a los jóvenes actores, en particular a sus “hijos” interpretados por Reytel Oro y Andros Perugorría, mostrando un afecto genuino que no se disfraza de anécdota, sino de una cercanía real. Ahí, en medio de los días de grabación, esos hijos ficticios se ganaron su cariño en la vida real.

Sobre las “nueras” –esos personajes que casi siempre se llevan las miradas y las críticas– Daisy no se anda con rodeos. “En la realidad, fueron dos muchachas extraordinarias”, menciona con una sonrisa. Y, claro, Ludmila Alonso y David Reys, quienes completaban el círculo de los Montenegro, también se hicieron con su lugar en el clan. Según Daisy, los lazos entre todos los miembros del elenco no eran ficticios; había una verdadera camaradería.

Las horas de rodaje, que en ocasiones parecían interminables, se veían aliviadas por el ánimo que se mantenía intacto fuera de la cámara. “Recuerdo cómo, después de tantos días de rodaje, llegábamos exhaustos desde la primera hora, listos para enfrentar el plan del día con muchas escenas. Aunque estuviésemos muy agotados, desde que íbamos en el auto hacia la grabación, todo era risas, chistes y mucho ánimo”.

En los ratos de descanso, los almuerzos eran una especie de ceremonia no oficial, un momento para desconectar y reírse de las pequeñas adversidades del día. “Durante el almuerzo o la comida, también nos reuníamos, íbamos todos juntos a la mesa, disfrutando. Los aportes culinarios de cada uno convertían ese momento en una gran mesa sueca, donde pasábamos los momentos más extraordinarios”, explica la actriz.

A pesar de la intensidad de sus escenas, donde la tensión entre los personajes era palpable, los actores sabían cómo desconectar y mantener un ambiente distendido fuera de las grabaciones. “Eso es lo más llamativo, lo que me saca una sonrisa cada vez que lo recuerdo”, reflexiona Daisy, sabiendo que el verdadero desafío de Renacer no estaba solo en las cámaras, sino en la capacidad de reírse del propio cansancio y de encontrar la humanidad detrás de los papeles.

De esos momentos que se gestan entre risas y buenos ratos, Daisy Quintana conserva los recuerdos más vívidos de su paso por Renacer. Los almuerzos compartidos, las bromas de cada día, los pequeños gestos en medio de la adrenalina del rodaje, fueron lo que hizo que el proyecto fuera mucho más que una telenovela. Fue, en sus propias palabras, una verdadera familia, aunque solo fuera fuera del set.


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